domingo, 31 de agosto de 2025

1 de Septiembre

El mes comienza con un aire distinto, como si las hojas del calendario también guardaran memoria. El Niño Canela despierta temprano, con ese olfato suyo que parece atrapar no solo el aroma del café, sino también el de los días nuevos.

Septiembre le recuerda que todo regreso es también un comienzo. Los caminos se llenan de pasos que vuelven a la rutina, pero él prefiere caminar despacio, mirando los detalles pequeños que nadie nota: una ventana entreabierta, un ramo de albahaca en el balcón, una canción perdida en la radio de algún vecino.

Hoy escribe en su cuaderno:
"No quiero correr tras el tiempo. Prefiero que el tiempo venga a mí, como el olor de la canela que se queda en la casa después de hornear."

Con esa calma empieza septiembre. Con la certeza de que cada día guarda una chispa de dulzura, si sabemos detenernos a sentirla.


EL FINAL DEL VERANO

El verano se despide despacio, como si no quisiera marcharse del todo. Las calles guardan aún el eco de las risas y los pasos ligeros, pero la luz empieza a doblarse distinta, más suave, más corta. El niño que huele a canela siente que cada cambio de estación trae consigo un recuerdo, como si el aire mismo supiera contarle secretos que no deben olvidarse.

Hay finales que pesan y otros que alivian. El de agosto siempre se parece a un cuaderno en blanco que espera ser escrito. Quizá porque septiembre anuncia un nuevo comienzo, o porque nos recuerda que, aun con las cicatrices del tiempo, la vida sigue ofreciéndose en presente.

Hoy, entre olor a canela y aire de despedida, el niño mira al horizonte con calma. Aprende que lo importante no es retener lo que se va, sino agradecer lo vivido y abrir espacio a lo que llega.


sábado, 30 de agosto de 2025

El sabor de las cicatrices



"Las cicatrices no siempre se ven en la piel. Algunas se esconden en rincones de la memoria, y basta una palabra o un olor para que vuelvan a abrirse. El Niño Canela aprendió que no hay que temerles: son huellas que recuerdan lo vivido, señales de que incluso en la herida hubo vida, hubo fuego, hubo verdad."

Las cicatrices son maestras silenciosas. Nos recuerdan que hemos pasado por tormentas, que hemos resistido y que seguimos en pie. Cada marca, visible o invisible, guarda una historia que merece ser contada.

En el universo del Niño Canela, cicatriz significa memoria, pero también renacimiento.
Porque solo quien acepta sus heridas puede seguir adelante con la serenidad de lo auténtico.

📖 DMA – El sabor de las cicatrices


jueves, 28 de agosto de 2025

SUSPIRO DE AGOSTO


El 29 de agosto amanece como un suspiro suave. No necesita grandes gestos, solo el murmullo de la vida cotidiana. A veces basta con el aroma del café, una mirada cómplice o el calor de una mano para que el día tenga sentido.

El Niño Canela lo sabe: los días pequeños son también importantes. Son los que se guardan en el corazón como tesoros sencillos, envueltos en ternura. Hoy es uno de esos días que invitan a vivir despacio, con calma, como quien se deja mecer por el recuerdo


DMA

Agosto se despide con aroma a canela



Los últimos días de agosto siempre tienen un sabor particular. El verano se va apagando poco a poco y el aire anuncia cambios. En el Universo Canela, este final de mes nos invita a hacer balance: de lo vivido, de lo aprendido y de lo que aún queda por compartir.

El Niño Canela observa el calendario con calma, sabiendo que septiembre traerá encuentros y presentaciones importantes. Pero ahora es tiempo de agradecer los pasos dados en silencio, las páginas escritas con paciencia y los lectores que se han ido acercando a esta historia.

Agosto termina, pero la canela sigue impregnando cada palabra y cada recuerdo. Pronto llegará el momento de abrir nuevas puertas, pero hoy nos quedamos con la certeza de que todo lo sembrado florecerá a su debido tiempo.

Firmado: DMA

martes, 26 de agosto de 2025

EL TIEMPO DE LA MEMORIA

El tiempo de la memoria



Hoy el calendario marca 27 de agosto y vuelvo a mirar atrás, a ese hilo invisible que une los días. Cada fecha parece traer consigo un eco, un olor o una cicatriz que aún respira en mí. He aprendido que escribir es la manera más digna de ordenar la memoria, de darle forma a lo que parecía perdido.


El Niño Canela sigue caminando conmigo. Sus pasos son los míos, sus heridas se han hecho palabra, y su voz se ha transformado en libros que viajan más allá de mi mesa de trabajo. Todo lo que ayer parecía silencio, hoy se convierte en relato.


En este camino no hay prisa. Todo llega a fuego lento, como se cuecen los guisos de la vida y como cicatrizan las heridas. El futuro se construye con la paciencia de quien sabe que cada palabra escrita es semilla para quien quiera recogerla.


Hoy escribo para recordar que el tiempo no se detiene, pero la memoria, cuando se convierte en letra, permanece.

lunes, 25 de agosto de 2025

LA MEMORIA COMO REFUGIO

 Hay días en que basta una chispa para que la memoria despierte. Puede ser un olor, un reflejo de luz en una ventana, o el eco de una canción escuchada en otra época. La memoria no se limita a registrar, también crea refugios: pequeños espacios íntimos donde volvemos una y otra vez para recordar quiénes somos.


El Niño Canela solía quedarse quieto en medio del bullicio, como si supiera que guardar silencio era la única manera de escuchar lo que realmente importaba. Allí encontraba su fuerza: en los recuerdos sencillos, en las imágenes que parecían no tener valor y que, sin embargo, sostienen la vida.


Hoy, cuando el mundo gira con prisa, conviene detenerse un momento. Abrir esa caja de recuerdos que todos llevamos dentro y rescatar un instante capaz de recordarnos lo esencial: que seguimos aquí, que aún respiramos, que cada día puede ser comienzo.


La música que acompaña las cicatrices



Hay días en los que el silencio pesa demasiado y la vida pide una banda sonora. Hoy, de fondo, suenan Los Secretos. Cada acorde se convierte en un puente entre lo que fui y lo que sigo siendo. No necesito cerrar los ojos para viajar; la música se encarga de recordarme quién era aquel niño que olía a canela y qué caminos recorrió para llegar hasta aquí.

No siempre fueron caminos fáciles. Hubo muros altos, pasillos largos en centros donde la rutina imponía sus reglas, y también hubo la ternura de un amigo que reía a mi lado, o la complicidad de quienes me enseñaron a resistir. La música estaba allí, como un refugio invisible, capaz de transformar el dolor en memoria y la soledad en compañía.

Con los años aprendí que todos guardamos un lado oculto, como la cara de la luna que nunca vemos. El mío se esconde en esas canciones que me devuelven la infancia y me recuerdan que, incluso en medio de la herida, había belleza. Y esa belleza es la que hoy comparto, porque escribir es otra forma de cantar, otra manera de darle voz a lo que callamos demasiado tiempo.

El Niño Canela sigue vivo en cada página escrita, en cada ilustración que nace, en cada presentación que se prepara. Lo que un día fue cicatriz, ahora es fuego lento que alimenta nuevas historias.

Hoy no traigo respuestas, solo un recordatorio: detenerse, escuchar una canción y dejar que la memoria haga su trabajo. Al fin y al cabo, somos lo que recordamos y lo que decidimos no olvidar.

Firmado discretamente: DMA


viernes, 22 de agosto de 2025

A fuego lento

Hay canciones que parecen escritas para guardar la memoria. Cuando suenan, la vida se detiene y regresan las imágenes que nunca se fueron del todo. Hoy escucho a Los Secretos mientras escribo, y cada acorde me recuerda que la música es un refugio, igual que los libros.

Mi historia, la del Niño que huele a canela, se ha cocinado con recuerdos de infancia, con noches en centros de acogida, con silencios y con ternura. No es un relato de lamentos, sino de supervivencia y de amor por lo vivido. La música de fondo me acompaña, como lo hicieron las canciones en aquellos días donde parecía que todo faltaba y, sin embargo, aún quedaba esperanza.

Quien abre mi libro no solo lee páginas, escucha también esas melodías que estuvieron en cada paso. Porque un libro no es solo tinta: es memoria, es olor, es sonido.

Si quieres descubrirlo, puedes hacerlo aquí:
👉 El niño que huele a canela: a fuego lento – Amazon

Que cada lector ponga su propia banda sonora. Yo sigo con Los Secretos, porque hay canciones que nunca se apagan.

— DMA


jueves, 21 de agosto de 2025

Aarón, memoria que permanece




Cuando pienso en Aarón, lo primero que me viene a la mente no es una escena grandiosa, sino algo sencillo: su manera de estar. No necesitaba hablar mucho ni llamar la atención. Su presencia era tranquila, casi invisible, pero siempre constante. Recuerdo verlo en los pasillos del centro, sentado en un banco o compartiendo mesa en el comedor. No hacía falta nada más; él estaba ahí, y eso bastaba.

En medio de aquel mundo rígido y frío, Aarón era un respiro. Para un niño como yo, que buscaba cualquier señal de complicidad, él se convirtió en un espejo donde encontraba paz.

La vida en el centro era un engranaje que giraba sin parar: horarios fijos, rutinas que se repetían una y otra vez. Pero dentro de esa rigidez, Aarón supo crear un espacio distinto. A veces era un juego improvisado, otras un silencio compartido en el patio, o un gesto pequeño que rompía la monotonía.

Era un amigo de los que no necesitan explicar nada. De los que están, simplemente. Y esa manera de acompañar me enseñó que la amistad puede ser ligera y profunda a la vez, sin adornos, sin promesas, pero con la certeza de que no estás solo.

El día que me dijeron que Aarón había muerto en un accidente, la noticia me atravesó como un rayo. No estaba preparado, nadie lo está a esa edad. Todo sucedió demasiado rápido, demasiado injusto.

Lo que más me dolió fue no poder ir a su entierro. No estuve allí cuando lo despedían, no pude poner flores ni decir adiós. Esa ausencia se quedó clavada en mí como una espina. Con el tiempo entendí que lo que más pesa no es la muerte en sí, sino las despedidas que nos roban.

Han pasado más de tres décadas y, aun así, Aarón sigue presente. No como un recuerdo lejano, sino como una voz interna que me acompaña en silencio. Aparece en los reflejos de las ventanas, en las tardes tranquilas, en la memoria de una infancia marcada por la falta de libertad.

Treinta años después, sigo sintiendo que quedó algo inconcluso. Que ese adiós nunca dicho aún me persigue. Pero también he aprendido que la memoria es un refugio: mientras lo recuerde, Aarón no habrá desaparecido del todo.

Querido Aarón,

Han pasado treinta años y aún me duele escribirte. No pude despedirme, no pude acompañarte en tu último viaje, y esa ausencia me marcó para siempre.

Hoy quiero decirte lo que entonces no pude: gracias por haber estado, por haber compartido conmigo silencios, juegos y complicidad en un mundo que no siempre nos lo puso fácil. Tu amistad fue un refugio, y aunque el tiempo te arrebató demasiado pronto, yo sigo guardando lo que me diste.

Me hubiera gustado crecer contigo, ver hacia dónde nos habría llevado la vida. Pero la vida eligió otro camino, y yo aprendí a llevar tu ausencia como quien lleva una cicatriz: visible, dolorosa, pero también testigo de algo real y verdadero.

Este capítulo  especial  es mi forma de darte el adiós que no tuve. Porque aunque te hayas ido, tu nombre seguirá en mis páginas, en mis recuerdos, en mi historia.

Con afecto eterno,
DMA

La Casa Sant Josep y las cristaleras verdes



La primera impresión

Entrar en la Casa Sant Josep de Tarragona era como adentrarse en un mundo aparte, ajeno al ritmo de la ciudad que se extendía más allá de sus muros. El edificio imponía desde el primer instante: altos ventanales, pasillos largos, un eco constante de pasos que se mezclaba con voces apagadas. Allí no había lugar para la improvisación. Todo estaba marcado, todo tenía un orden.

Pero si hay una imagen que aún hoy me persigue, es la de las cristaleras antiguas que se encontraban a la entrada del comedor. Eran vidrios gruesos, teñidos en tonos verdes y dorados, desgastados por el tiempo y la humedad. Cuando el sol de Tarragona caía sobre ellas, la luz se filtraba como un río de color, dibujando mosaicos en el suelo. Yo, niño curioso, me quedaba fascinado, casi hipnotizado por esos reflejos que parecían abrir ventanas a otros mundos.

No podía mirar demasiado tiempo. Los educadores vigilaban y no permitían distracciones. Había que caminar en fila, con la cabeza erguida, hacia el comedor. Pero, aun así, esas cristaleras fueron para mí un secreto silencioso: un pequeño refugio en el que mi imaginación podía volar antes de entrar en el ritual diario de la comida.

El comedor era el corazón de la Casa Sant Josep. Mesas largas de madera, desgastadas por los años, se extendían como raíles interminables. A los lados, bancos que crujían cuando decenas de niños se sentaban al mismo tiempo. Allí se reunía la gran familia que no era familia, unida no por la sangre sino por el destino compartido.

Yo tenía, más de una vez, el encargo de preparar las mesas. Colocar platos de loza blanca, vasos de vidrio grueso, cubiertos alineados. No era una tarea menor: en ese gesto se escondía la enseñanza de la disciplina, del cuidado, de la igualdad. Después venía el momento que más me marcó: cortar el pan.

El pan llegaba en hogazas grandes, con una corteza dura que crujía al contacto del cuchillo. Me sentaba con aquella pieza enorme entre las manos y, con cuidado, iba cortando rebanada tras rebanada. Había que repartir justo: ni más para uno, ni menos para otro. Cada niño debía recibir su parte. Ese gesto repetido se convirtió en una especie de rito personal. El olor a pan recién cortado llenaba el comedor, mezclado con el murmullo creciente de voces que aguardaban.

Cuando todos estábamos sentados, reinaba un silencio que podía cortarse. Bastaba con que Mossèn Perfecte Cabré apareciera en la cabecera para que la algarabía se deshiciera como un soplo. Alto, con sotana oscura y gesto severo, imponía respeto con solo caminar entre las mesas. Levantaba la mano, bendecía los alimentos y entonces sí, se podía empezar a comer.

Los menús eran sencillos: sopas claras, guisos humildes de legumbres, a veces un trozo de carne o pescado, fruta de temporada. Los días de postre eran celebrados como fiestas. El comedor se llenaba del sonido de cucharas golpeando contra los platos, de risas contenidas, de niños que encontraban en esa comida compartida un respiro de comunidad.

La vida en la Casa Sant Josep estaba pautada hasta el mínimo detalle. El día comenzaba con el sonido de una campana, que nos arrancaba de los sueños para recordarnos que allí no había espacio para el descuido. Dormíamos en dormitorios colectivos, camas alineadas en filas perfectas. Al despertar, había que doblar la manta con precisión, dejar todo en orden. Después, la capilla: rezos, cantos, silencio obligatorio.

El colegio funcionaba dentro del propio centro. Allí aprendimos a leer, a escribir, a memorizar oraciones y a resolver problemas de matemáticas. Las clases eran austeras, pero se mezclaban con una firme intención educativa: formarnos, más allá de la tutela, para un futuro incierto.

Por la tarde llegaban los talleres: carpintería, zapatería, cerrajería, imprenta. El ruido de martillos, el olor de la madera recién cortada, el polvo de las virutas que se pegaban a la ropa… Todo era parte del aprendizaje. A veces se trabajaba más por obligación que por vocación, pero esas tareas nos dieron disciplina, paciencia y un sentido de oficio.


Mossèn Perfecte Cabré

La figura de Mossèn Perfecte estaba presente en cada rincón. Era severo, distante, pero también había en él una visión adelantada para su tiempo. Fue quien decidió eliminar los antiguos uniformes, cerrar las celdas de castigo y apostar por un modelo más humano. Bajo su dirección se construyeron instalaciones que hicieron de la Casa un lugar más habitable: una piscina, una sala de música, un gimnasio, incluso un cine.

Recuerdo el verano en la piscina como un paréntesis de alegría. El agua fría borraba por un momento la sensación de encierro. En el cine vimos películas que, aunque antiguas, nos parecían una ventana al mundo. En la sala de música se aprendía a cantar, aunque las voces desafinadas terminaran en risas.

Mossèn Perfecte no era un hombre de gestos afectuosos, pero sabía que los niños necesitábamos más que disciplina: necesitábamos cultura, deporte, arte. Ese contraste lo hacía enigmático: un director duro, pero con la intuición de que la humanidad no podía borrarse.

La Casa Sant Josep era un lugar de contrastes. Por un lado, la rigidez de las normas, la vigilancia constante, la sensación de vivir bajo una autoridad inflexible. Por otro, los pequeños momentos de libertad: una carcajada compartida en el comedor, una travesura en los pasillos, el brillo de las cristaleras verdes que me recordaban que el mundo podía ser más bello de lo que parecía 

En esas mesas largas aprendí a compartir. En los talleres descubrí el valor del esfuerzo. En la disciplina entendí que la vida podía ser dura, pero también justa.


Una generación marcada

Con el tiempo, la Casa Sant Josep cambió. La Generalitat asumió las competencias, llegaron los CRAE, la educación se modernizó. Pero quienes pasamos allí nuestra infancia durante la época de Mossèn Perfecte Cabré llevamos su huella para siempre.

Las cristaleras verdes, el pan partido en rebanadas justas, las mesas largas donde todos éramos iguales, la piscina de verano, las oraciones en la capilla… Todo ello forma parte de mi memoria más íntima. No fueron años fáciles, pero me enseñaron la fuerza de la disciplina y el valor de la comunidad.

La Casa Sant Josep fue, para mí, un lugar donde convivieron la dureza y la esperanza. Un lugar donde aprendí que incluso en los espacios más rígidos se pueden encontrar pequeñas luces de humanidad. Y en esas luces, como en las cristaleras verdes, descubrí que siempre hay un resquicio por donde entra la belleza, incluso en medio del dolor.

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miércoles, 20 de agosto de 2025

COCINA Y MUSICA



Hay días en los que la cocina se parece a una partitura. Cada cuchara es una nota, cada aroma un acorde que se queda flotando en el aire. Hoy, mientras ponía a cocer un simple arroz con verduras, recordaba que la vida no necesita complicarse para ser sabrosa. Lo sencillo —un buen sofrito, un puñado de arroz, unas verduras frescas— puede convertirse en un festín si se cocina con calma.

Y entre vuelta y vuelta de la cuchara, sonaba una canción que me acompaña desde siempre. La música, igual que la comida, tiene ese poder extraño de abrir la puerta de los recuerdos. Te devuelve a una cocina pequeña de infancia, a la voz de alguien querido, a un instante que parecía olvidado.

El Niño Canela sabe que la vida se cuece a fuego lento, entre canciones que acarician y platos que reconcilian. Porque al final, todo lo importante cabe en una mesa compartida y en una melodía que sigue sonando, aunque la música se apague.

“Del silencio a la luz: un viaje en acuarelas por el Universo Canela.”

Cada trazo guarda una memoria. Cada color, un fragmento de identidad. Las acuarelas del Universo Canela son más que imágenes: son un viaje íntimo hacia lo que fuimos, lo que somos y lo que aún podemos llegar a ser.

En la primera obra, la silueta oscura con un círculo dorado en el pecho nos recuerda que la vida late desde el centro de la memoria, donde las heridas se convierten en símbolos de transformación.
En la segunda, el retrato azul atravesado por líneas doradas habla de la identidad como un mosaico: somos fragmentos recompuestos, belleza nacida de la imperfección.
Y en la tercera, la figura que avanza entre explosiones de color encarna la luz en movimiento, la energía de quien se abre paso hacia un renacer.

Tres obras, tres lenguajes distintos, pero un mismo latido compartido: el del Universo Canela, donde el arte se convierte en memoria, cicatriz y esperanza.


 




martes, 19 de agosto de 2025

LAS HUELLAS QUE NO SE BORRAN



Hay recuerdos que no necesitan archivo, porque están tatuados en la piel de la memoria. Basta el olor de la canela en un café, una canción de Los Secretos en la radio, o la risa inesperada de alguien en la calle, para que el Niño Canela vuelva a despertar en nosotros.

El Niño Canela no es solo un personaje, es un espejo donde mirarse. Representa al niño que todos fuimos, ese que a veces se esconde en los silencios pero nunca desaparece.

Hoy quiero invitarte a descubrir ese mundo íntimo y humano en mi libro “El niño que huele a canela: a fuego lento”, ya disponible en Amazon.
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Y para acompañar la lectura, hemos abierto también las puertas de nuestra tienda Canela, donde puedes encontrar tazas, láminas e ilustraciones que llevan la esencia de este universo.
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El Niño Canela sigue creciendo, no en edad, sino en raíces. Raíces que se mezclan con las tuyas cada vez que lees, compartes o simplemente sientes que también formas parte de este mundo.

LA SAL JUSTA




Siempre me dijeron que cocinaba soso. Que me faltaba sal. Que me pasaba de prudente. Y puede que fuera verdad. Durante años medí la sal como si cada grano costara una disculpa. Como si un exceso de sabor pudiera delatarme. Había algo en mí que temía ser demasiado. Demasiado fuerte. Demasiado claro. Demasiado yo.


Cocinaba con miedo a pasarme. No solo de sal. También de palabras, de afecto, de gestos. Medía todo: los abrazos, las opiniones, los silencios. Como si mi existencia tuviera que caber en cucharillas. Y sin embargo, con el tiempo, entendí que hay cosas que no se deben medir con miedo.


Un día, sin pensarlo, eché sal con la mano abierta. A puñados. Como había visto hacer . Sin calcular. Sin pesar. Sin disculparme. Y el guiso salió mejor. No perfecto. No increíble. Solo mejor. Más vivo. Más yo.


Desde entonces no uso salero. Cojo la sal con los dedos. La dejo caer como quien deja caer una decisión firme. Y si alguna vez me paso, lo asumo.

NO TIENES EXCUSA PARA NO ENTRAR EN EL UNIVERSO CANELA

lunes, 18 de agosto de 2025

LAS MAÑANAS




Hay mañanas en que uno despierta con un rumor antiguo en el pecho. Como si los recuerdos, tercos, insistieran en ponerse en fila para pasar lista. Entonces vuelvo a escuchar esas canciones que hablaban de trenes que se iban, de besos que se guardaban como secretos, de veranos que no volvían. La música siempre fue mi brújula, incluso cuando no sabía a dónde caminar.

El Niño Canela aparece en esos instantes como quien abre una ventana en medio de una habitación cerrada: con la inocencia de quien todavía cree que los sueños pueden salvarnos. Y pienso que quizá, al escribir, sigo siendo aquel niño que olía a canela, empeñado en transformar las cicatrices en palabras.

Hoy quiero compartir no solo esa memoria, sino también todo lo que está creciendo alrededor de ella: libros, ilustraciones, recetas, tazas, un pequeño universo que late con el mismo pulso. Porque cada lector que se acerca, cada persona que se detiene a escuchar, se convierte en parte de esta historia.

La canela, al final, no es solo un aroma. Es un modo de recordar que la vida, incluso con sus sombras, puede tener un sabor dulce.

✨ Puedes encontrar mis libros y los productos del universo Canela en la tienda oficial: DMA/CANELA



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Gratis con la compra del libro El niño que huele a canela

Los sabores que guardan memoria



Hay días en los que basta con abrir un libro o una vieja receta para sentir que la vida nos habla al oído. El Niño Canela nació precisamente de eso: de la memoria, de los olores que no se olvidan, de esas cicatrices que se convierten en historias.

Hoy quiero invitarte a recorrer conmigo este universo hecho de letras, ilustraciones y pequeños objetos que laten con cariño. No es solo un libro, es un espacio para reconocernos en la ternura de lo cotidiano.

📚 Mis libros ya están disponibles en Amazon y Google Books.
☕ Y si te apetece acompañar la lectura con un poco de magia, pásate por la tienda online donde encontrarás tazas, pósters e ilustraciones del Niño Canela, todos firmados con la discreta marca DMA.

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Porque leer también es un acto de resistencia: contra el olvido, contra la prisa, contra la indiferencia.

Firmado con aroma a canela,
DMA


domingo, 17 de agosto de 2025

 

Presentación del Libro - El Niño que Huele a Canela
🌿
🍃
🌟
PRESENTACIÓN DE LIBRO

El Niño que
Huele a Canela

🌿
El niño que huele a canela - Imagen original
🏠
Portada El Niño que Huele a Canela
📖
El sabor de las cicatrices
💫

📅 Fecha y Hora

Viernes, 26 septiembre 2025

19:00 horas

📍 Lugar

Centro de AMISC

Reus

✨ Invitada especial

Teresa Martí

Escritora premiada

Sobre el libro

"Una colección de momentos íntimos y reflexiones poéticas que nos transportan a la calidez del hogar, donde los aromas de la cocina se mezclan con los recuerdos y la nostalgia. Un viaje sensorial a través de las pequeñas cosas que dan sentido a la vida."

📚

Lectura

Fragmentos selectos

Degustación

Café y canela

✍️

Firma

Dedicatorias

🎭

Diálogo

Con Teresa Martí

Sobre Teresa Martí

Escritora catalana galardonada con el Premio de Narrativa curta de El 9 NOU. Autora de obras como "Noranta-sis hores", "Siham" y "Li arrabassaré el dia a la vida i altres relats". Su narrativa explora los vínculos humanos y las emociones cotidianas con una prosa sensible y evocadora.

🌟 "El niño que huele a canela"

Relatos que capturan la esencia de la infancia y los recuerdos que perduran en el tiempo, envueltos en el aroma cálido de las especias y la nostalgia.

💫 "El sabor de las cicatrices"

Una exploración profunda de las heridas que nos forman, transformando el dolor en sabiduría y las cicatrices en mapas de nuestra experiencia vital.

¡Te esperamos! 🌿

Entrada libre • Aforo limitado • Centro de AMISC, Reus

Organiza: Centro de AMISC • Colabora: Teresa Martí

B.S.O DE EL SABOR DE LAS CICATRICES


 

EL RINCÓN DEL NIÑO CANELA

El Niño Canela

Hay canciones que son como talismanes. A mí siempre me acompañaron Los Secretos, con esa manera suya de contar la vida entre melancolía y esperanza. Sus letras hablan de pérdidas, de calles vacías y de abrazos que se recuerdan aunque ya no estén. Quizás por eso me siento tan cercano a su música: porque también yo crecí buscando refugios en melodías que parecían escritas para mí.

Hoy, mientras sonaba en mi cabeza “Déjame”, pensaba en cómo el tiempo nos cambia. Ya no soy aquel niño perdido en los pasillos de un centro, ni el joven que soñaba con escapar. Ahora soy el hombre que escribe, que comparte, que convierte recuerdos en libros, ilustraciones y objetos que huelen a hogar.

Ese es el espíritu del Universo Canela: transformar cicatrices en historias, fragilidades en belleza cotidiana.

Por eso he abierto con mimo un pequeño espacio donde todo esto se puede encontrar:
mi tienda oficial, donde esperan mis libros, las tazas ilustradas y otros detalles firmados con el discreto sello DMA.

Es un rincón sencillo, pero está hecho con la misma verdad con la que escribo: sin adornos falsos, sin escaparates de lujo. Solo lo que soy.

Porque, como dicen Los Secretos, “volverá la primavera y yo la espero”.
Y yo espero también que mis palabras y mis objetos encuentren un lugar en tu vida, como esas canciones que uno nunca olvida.

👉 Descubre la tienda aquí: https://dmacanela.sumupstore.com


viernes, 15 de agosto de 2025

EN TUS MANOS




El Niño Canela ya está en tus manos

El día que soñé durante tanto tiempo ya es una realidad: El Niño que huele a canela está disponible en Amazon, listo para que cada uno de vosotros lo haga suyo.

Este libro no es solo mi historia, también es un espejo donde muchos reconocerán su infancia, sus heridas y su manera de seguir adelante. Lo he escrito con verdad, con ternura y con la certeza de que las palabras pueden curar cicatrices.

Gracias a todos los que ya os habéis adentrado en estas páginas y me habéis hecho llegar vuestro cariño. Vuestro apoyo es el motor que mantiene vivo este Universo Canela que apenas comienza.

✨ Puedes conseguir tu ejemplar aquí: Amazon – El Niño que huele a canela

Y recuerda: el 26 de septiembre nos veremos en Reus, en el Centre de Lectura, para compartir historias, emociones y la primera presentación oficial del Universo Canela. Será un día especial que quiero vivir con todos vosotros.

Gracias por estar, por leerme y por acompañar a este niño que aún hoy sigue oliendo a canela.



EL ECO DE LAS PRIMERAS PAGINAS



Hoy, mientras el calendario marca la mitad de agosto, me detengo a escuchar el murmullo de las primeras páginas que ya están viajando por manos ajenas. El libro empieza a encontrar su camino, y eso, para quien lo ha escrito, es una de las formas más bonitas de sentir que las palabras respiran.

Me gusta imaginarlo así: un lector en una terraza, con el rumor de las cigarras; otro, en una habitación en penumbra, dejando que las frases le arropen como una manta ligera. Porque los libros, cuando salen al mundo, ya no nos pertenecen: se convierten en espejo, refugio o compañía según quien los abra.

Gracias a quienes han abierto El niño que huele a canela y han decidido quedarse un rato dentro. Gracias a quienes lo recomiendan, lo regalan o simplemente lo guardan junto a sus tesoros. Cada ejemplar es una semilla.

Y, como toda semilla, necesita tierra, paciencia… y un poco de fe.

DMA





jueves, 14 de agosto de 2025

LOS JUEVES

Hoy es jueves.
Y los jueves, me acuerdo de las despedidas.

En los centros tutelados, los jueves eran días raros. No eran viernes de visita, ni lunes de rutina. Eran días donde el tiempo se arrastraba por los pasillos, oliendo a lejía, a ropa húmeda, a silencio. Kuky decía que los jueves eran como los hijos del medio: invisibles pero necesarios.

Esta mañana, al remover la leche, una chispa de canela me saltó en la mano. Me reí. Porque todavía, después de tanto, la canela me habla. Me dice que sobreviví. Que sigo aquí. Que soy más que la suma de mis cicatrices.

Hoy es jueves 14 de agosto y tengo ganas de bailar.
No porque todo esté bien. Sino porque ya no me escondo del espejo.
Porque cada página que escribo es un abrazo al niño que fui.
Porque no necesito pedir perdón por ser quien soy.

Si estás leyendo esto, y también sobrevives tus propios jueves, te abrazo.
Con palabras, con olor a cocina, con la música bajita de fondo.

Hoy mi alma huele a canela.

Y la tuya… ¿a qué huele hoy?


miércoles, 13 de agosto de 2025

DMA/CANELA


 

En cada página, un suspiro; en cada aroma, un recuerdo. El Niño que huele a canela regresa para contarnos su historia entre acordes que suenan como las canciones de Los Secretos: dulces, melancólicas y eternas. Un encuentro donde las palabras bailan con la música y los recuerdos se abrazan al presente."

 

martes, 12 de agosto de 2025

SOL DE AGOSTO




Bajo el sol de agosto ☀️

Hoy, el calor se mete hasta en los rincones más frescos de la casa. Las persianas bajadas dejan pasar hilos finos de luz que dibujan rayas doradas en el suelo, como si fueran caminos secretos hacia el verano. Afuera, la calle respira lentamente; no hay prisa, no hay ruido, solo un silencio tibio que huele a siesta y a limonada.

El Niño Canela se sienta junto a la ventana con un vaso frío en la mano. Dentro flota una rodaja de limón que gira despacio, como si también ella quisiera descansar. No hay planes grandes para hoy, solo dejar que el tiempo se estire, que el aire se llene de recuerdos, y que la piel sienta ese abrazo caliente del sol.

Piensa en los veranos de antes: en el helado que siempre se derretía demasiado rápido, en las bicicletas que crujían bajo el peso de la risa, y en las canciones que salían de la radio y parecían hechas a medida para ese instante. Hoy, como entonces, la vida es simple y dulce, como un sorbo largo de algo fresco.

Quizá esta noche, cuando el sol se esconda y el calor afloje, saldrá a la calle con una camiseta ligera y se perderá entre las terrazas llenas de voces, buscando ese olor a pan tostado y a promesa que siempre trae agosto.

Porque al final, el verano no es un mes: es un lugar donde se guarda lo que más nos gusta recordar.

Firmado: DMA



ENSALADA DE VERANO CON AROMA DE CANELA



Ensalada de verano con aroma a canela

Hay días de agosto en los que la cocina pide ligereza.
No se trata de encender fuegos, sino de jugar con colores, aromas y texturas que nos hagan sonreír. Esta ensalada es de esas que parecen un lienzo, y que en cada bocado cuentan una historia.

Ingredientes (para 2 personas)

  • 1 melocotón maduro
  • 100 g de queso fresco o mozzarella
  • Un puñado de hojas de espinaca o rúcula
  • Unas nueces ligeramente tostadas
  • Miel suave
  • Una pizca de canela en polvo
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta al gusto

Preparación

  1. Lava bien las hojas verdes y sécalas con cuidado.
  2. Corta el melocotón en gajos finos y el queso en dados pequeños.
  3. En un plato grande, distribuye las hojas verdes, el melocotón y el queso, dejando que se mezclen de forma natural, sin rigidez.
  4. Añade las nueces tostadas y un hilo de miel.
  5. Espolvorea una pizca de canela, apenas un suspiro, para que no robe protagonismo pero deje su huella.
  6. Termina con un chorrito de aceite de oliva, sal y pimienta.

El momento Canela

Esta ensalada pide comerse despacio, quizás con una canción de Mecano sonando de fondo y una jarra de agua fresca con rodajas de limón sobre la mesa.
Porque agosto no se mide en minutos… sino en bocados que saben a verano.

DMA




domingo, 10 de agosto de 2025

OLOR A PAN


Las mañanas que huelen a pan

Hoy, el aire huele a pan recién hecho. No sé si es por la pequeña panadería de la esquina o porque mi memoria ha decidido abrir las ventanas de un recuerdo que guardaba doblado, como esas cartas que uno no envía pero relee de vez en cuando.

Recuerdo cuando, de niño, me despertaba antes que el sol. La casa todavía dormía y yo me asomaba a la ventana, buscando alguna señal de que el día ya había empezado para alguien. Siempre había una vecina que, con su bata de flores, salía al patio a tender la ropa. Y yo, desde arriba, pensaba que ella sabía un secreto que yo desconocía: que madrugar es como robarle minutos a la tristeza.

Hoy, mientras me preparo un café, dejo que el aroma del pan me envuelva. Me gusta pensar que hay cosas que, por más años que pasen, no cambian. Como la forma en la que una hogaza caliente entre las manos puede hacerte sentir en casa, aunque no sea la tuya.

Corto una rebanada, la unto con un poco de mantequilla y dejo que se derrita lentamente. Afuera, el mundo sigue con su prisa de lunes, pero aquí dentro el tiempo es lento, amable, como si supiera que necesito quedarme un rato más en esta escena.

Y mientras mastico despacio, pienso en todas las personas que, de una manera u otra, forman parte de este momento: quien amasó la masa, quien encendió el horno, quien plantó el trigo. Todo está conectado por hilos in


visibles que, si cierras los ojos, puedes sentir.

Hoy no voy a correr. Voy a quedarme aquí, con mi café, mi pan y la certeza de que las cosas simples son las que más nos salvan. Y si cierro un momento los ojos, quizás escuche, muy bajito, una canción que siempre me acompaña…




UNIVERSO CANELA


 

PREPARANDO COSITAS CON AROMA Y SENTIMIENTO


 

sábado, 9 de agosto de 2025

DOMINGO DE AGOSTO



Los domingos de agosto tienen un pulso distinto. Afuera, el calor se acomoda en las calles y dentro de casa todo huele a quietud, a ese descanso que no se compra en ninguna parte. Hoy he decidido que mi refugio sería la cocina, con las ventanas abiertas para que el aire traiga un poco de tarde y el sonido de la vida que sigue ahí fuera.

Mientras el café subía lento, puse un disco de Mecano. Sí, Mecano. Porque hay canciones que, como las especias, no pasan de moda: se guardan en el estante de la memoria y, cuando las sacas, todo vuelve. Y ahí estaba yo, removiendo un guiso ligero, pensando en que la cocina es también un reloj, un calendario emocional que te recuerda quién eras y quién eres.

En la encimera descansaba una cesta de tomates, pan tierno y un manojo de albahaca. No hacía falta más para saber que hoy comeríamos algo sencillo, pero lleno de verdad. Como la vida cuando la dejas fluir.

Quizá por eso el Niño Canela —ese que a veces me mira desde el espejo— me sonreía hoy. Como si entendiera que no siempre hay que correr, que hay domingos que se saborean como un verso bien dicho o como una nota que se alarga justo lo necesario.

Y así, entre una canción que hablaba de barcos y amores, y el aroma que salía de la olla, comprendí que estos pequeños momentos son la mejor receta para estar en paz.


🎶 Canción del día:
Mujer contra mujer – Mecano

🍴 Sabor del día:
Pan con tomate, aceite de oliva y albahaca fresca.



 

🛒 Visitar la Tienda del Niño Canela

MECANO TAMBIÉN ESTA DENTRO



🌞 Sábado con aroma a canela y música de Mecano

Hay sábados que empiezan despacio…
El sol entra tímido por la ventana, el café humea en la taza, y en la cocina el aroma de la canela se mezcla con ese silencio que solo rompe la música.

Hoy no suenan Los Secretos.
Hoy le cedo el escenario a Mecano, con esas canciones que parecen escritas para acompañar instantes íntimos: “Me cuesta tanto olvidarte” mientras preparo un bizcocho, “Hijo de la luna” mientras pongo la mesa, o “La fuerza del destino” justo cuando el horno empieza a perfumar toda la casa.

Porque, al final, cocinar también es eso: una coreografía de gestos, aromas y recuerdos, envuelta en una melodía que nos hace viajar sin movernos del sitio.

El Niño Canela sigue aquí, entre ollas y cuadernos, preparando no solo platos, sino historias para contar en el próximo curso de cocina.
Y mientras llega ese día, dejo que Mecano siga sonando…
Que la música y la canela hagan su magia.

🎧 Lista recomendada para hoy:

  • Me cuesta tanto olvidarte
  • Hijo de la luna
  • La fuerza del destino
  • Aire
  • Una rosa es una rosa

📌 Próximamente: Cocinando con El Niño Canela – Reus
(Apúntalo en tu calendario… lo que viene huele muy bien).





viernes, 8 de agosto de 2025

Niño Canela 🛒 Visita la Tienda del Niño Canela

ENSALADA FRESCA

🍉 El sabor de hoy


 Ensalada de sandía con queso feta y un acorde de Los Secretos

El verano tiene su propio lenguaje: el de las siestas largas, el hielo chocando contra el vaso y las frutas que parecen guardar dentro todo el sol de julio y agosto.  y por eso hoy dejo que la cocina huela a fresco, a hierbabuena recién cortada.

En un bol grande, la sandía cortada en cubos se mezcla con queso feta desmenuzado. Un hilo de aceite de oliva, unas hojas de menta, un pellizco de pimienta… y nada más. La dulzura de la fruta y la salinidad del queso se abrazan como viejos amigos que no necesitan hablar mucho para entenderse.

En el viejo altavoz portátil suena “Déjame” de Los Secretos. El aire es cálido, pero la música y el frescor del plato invitan a quedarse quieto, mirando cómo la tarde se va tiñendo de naranja.

Hoy, la receta cabe en un suspiro y la canción en un recuerdo.
Porque en verano, a veces, menos es más.

📌 Ingredientes para 2 personas:

  • 300 g de sandía madura
  • 100 g de queso feta
  • Unas hojas de menta fresca
  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
  • Pimienta negra recién molida al gusto

🎵 Canción para acompañar:
Los Secretos – “Déjame”




miércoles, 6 de agosto de 2025

📚 El niño que huele a canela – ya disponible

Un libro que no solo se lee… se siente
Por El Niño Canela
https://elchicocanela.blogspot.com

Hay libros que entretienen.
Y hay otros que te tocan el alma, te hacen parar, recordar, llorar un poco… y luego sonreír.
Así es El niño que huele a canela.
Un viaje a fuego lento por los recuerdos, las cicatrices, los sabores de una infancia sin azúcar pero llena de aromas.

📖 Este primer volumen es un homenaje

A los que alguna vez fueron niños sin paraguas.
A los que crecieron en silencio.
A los que encontraron refugio en una cocina encendida, en una canción de Los Secretos, o en una libreta donde escribir lo que dolía.

💬 ¿Qué encontrarás en sus páginas?

  • Una infancia marcada por centros de acogida
  • Amistades que cambiaron la vida
  • Una historia real, sin filtros, sin pena
  • Y mucha canela: en los postres, en las palabras, en la forma de mirar

💡 ¿Por qué leerlo?

Porque no es solo un libro.
Es un abrazo.
Es la voz de un niño que decidió no rendirse.
Es un hogar hecho de letras para quienes nunca tuvieron uno.

🎁 Disponible ahora:

📘 Versión en papel y digital en Amazon
🛒 Precio especial de lanzamiento

✨ Consigue tu ejemplar en Amazon ✨

🌿 Firma: El Niño Canela
💌 Sígueme en el blog para más historias, recetas y recuerdos:
https://elchicocanela.blogspot.com

“No es solo un libro. Es un refugio. Y tú puedes formar parte.”

 

🌿 Jueves de agosto, cocina lenta y una canción de fondo

Publicado por El Niño Canela
https://elchicocanela.blogspot.com

Los jueves de agosto tienen un sabor especial…
El calor se cuela por las rendijas, los ventiladores zumban como grillos eléctricos, y en la cocina alguien aún se atreve a encender el fuego. Hoy me he despertado con ganas de cocinar algo sencillo, casero, de esos que reconfortan el estómago y acarician el alma. Mientras suena en el fondo “Ojos de Gata” de Los Secretos, me viene a la memoria una receta de esas que siempre olían a hogar:

🥄 Arroz con Leche de la Abuela Teresa

Una receta que huele a infancia, a siesta, a cucharas de madera y a silencios dulces.

  • 1 litro de leche entera
  • 100 g de arroz redondo
  • 100 g de azúcar
  • 1 rama de canela
  • La piel de un limón
  • Una pizca de sal
  • Canela en polvo para espolvorear
  1. En un cazo grande, pon a calentar la leche con la piel de limón y la rama de canela.
  2. Cuando esté a punto de hervir, añade el arroz y la pizca de sal.
  3. Baja el fuego y remueve con paciencia durante 35-40 minutos.
  4. Cuando el arroz esté tierno, añade el azúcar y cocina 5 minutos más.
  5. Retira la canela y el limón, y vierte en cuencos.
  6. Espolvorea con canela molida… y deja que enfríe.

🎵 Canción del día: Ojos de Gata – Los Secretos

“No hay nada más bello que lo que nunca he tenido
nada más amado que lo que perdí…”

Una melodía que siempre me recuerda que hay amores que se quedaron en la cocina, entre platos sin lavar, y otros que se fueron por la ventana abierta del verano.
🔗 Escúchala aquí en YouTube

Y tú, ¿qué estás cocinando este jueves de agosto?
Déjamelo en los comentarios…

Con cariño,
El Niño Canela
🍚✨
“Hay recetas que son un refugio, igual que las canciones.”



🍊 Recetas con Canela — 20 platos que huelen a hogar

Hay libros que se leen con los ojos.
Y hay otros que se leen con el alma… o con el estómago lleno de recuerdos.

🌿 Hoy quiero compartirte una noticia muy especial:
mi nuevo libro de cocina ya está disponible en Amazon, en versión digital, por solo 3 €.

Se llama “Recetas con Canela”, y contiene 20 platos que marcaron mi infancia, mis tardes con Teresa en la cocina, mis domingos lentos, mis silencios felices.
No son solo recetas.
Son historias. Son emociones en cucharadas.
Son canciones de Los Secretos mientras se cuecen unas lentejas.
Son buñuelos de azúcar que me devuelven a cuando aún todo era posible.

¿Qué vas a encontrar?

🥄 Sopas de ajo con pan duro y cariño.
🍋 Bizcocho de naranja suave como una caricia.
🍲 Callos a fuego lento, como cocinaba Teresa.
🥬 Lentejas con sabor a abuela.
🥄 Croquetas de lo que había en la nevera… y un poco más.
🍮 Y hasta unas torrijas que saben a beso de madre.

Cada plato va acompañado de una historia íntima, una ilustración firmada con DMA, y ese toque de canela que solo el tiempo sabe dar.


📚 ¿Por qué este libro es diferente?

Porque no está escrito por un chef con estrella, sino por alguien que aprendió a cocinar mientras aprendía a vivir.
Porque es un homenaje a las mujeres que me cuidaron, a los días sin prisas, al fuego lento, a lo sencillo.
Porque no quiero que cocines como en un restaurante…
quiero que cocines como en casa.


💛 Si alguna vez has sentido que un plato te abrazaba…
Si alguna vez un olor te llevó de vuelta a tu infancia…
Entonces este libro es para ti.

🛒 Ya disponible por solo 3 € en Amazon (edición digital):
👉 Haz clic aquí y empieza a saborear los recuerdos

🧡 Y recuerda: tú también puedes cocinar con memoria.
Solo necesitas un poco de tiempo… y una pizca de canela.


✍️ El Niño Canela
elchicocanela.blogspot.com




El aroma que permanece

Hay aromas que no se olvidan. No porque sean intensos, sino porque son honestos. La canela es uno de ellos. No grita: acompaña. No invade: ...