A fuego lento
Hay canciones que parecen escritas para guardar la memoria. Cuando suenan, la vida se detiene y regresan las imágenes que nunca se fueron del todo. Hoy escucho a Los Secretos mientras escribo, y cada acorde me recuerda que la música es un refugio, igual que los libros.
Mi historia, la del Niño que huele a canela, se ha cocinado con recuerdos de infancia, con noches en centros de acogida, con silencios y con ternura. No es un relato de lamentos, sino de supervivencia y de amor por lo vivido. La música de fondo me acompaña, como lo hicieron las canciones en aquellos días donde parecía que todo faltaba y, sin embargo, aún quedaba esperanza.
Quien abre mi libro no solo lee páginas, escucha también esas melodías que estuvieron en cada paso. Porque un libro no es solo tinta: es memoria, es olor, es sonido.
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Que cada lector ponga su propia banda sonora. Yo sigo con Los Secretos, porque hay canciones que nunca se apagan.
— DMA

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