miércoles, 4 de febrero de 2026

El aroma que permanece



Hay aromas que no se olvidan. No porque sean intensos, sino porque son honestos. La canela es uno de ellos. No grita: acompaña. No invade: se queda. Así debería ser también un hombre bien hecho.

El mino que huele a canela no es una pose ni una moda. Es una forma de estar en el mundo. Es el que sabe llegar a tiempo, mirar a los ojos y sostener la palabra. El que entiende que la elegancia no se compra, se cultiva. Que el carácter se forja en el silencio, en la constancia, en la manera correcta de hacer las cosas, incluso cuando nadie está mirando.

Antes, los hombres sabían quiénes eran por lo que hacían cada día. Por cómo trabajaban, cómo comían, cómo se sentaban a la mesa. No necesitaban proclamarse nada. Bastaba con abrir una puerta, servir un café, cumplir una promesa. Ese legado no está perdido: está esperando ser retomado.

La canela huele a hogar, a fuego lento, a recetas heredadas. Huele a paciencia. A tiempo bien empleado. El mino que huele a canela entiende que lo bueno no se improvisa. Se construye. Como un guiso serio, como un libro bien editado, como una vida con sentido.

Hoy, en medio del ruido, reivindicamos al hombre que no corre detrás de todo, sino que camina firme hacia lo suyo. El que no busca agradar a todos, sino ser fiel a su criterio. El que respeta el pasado porque sabe que ahí están las bases de lo que vale la pena.

Si algo queda cuando uno se va, que sea esto: un aroma limpio, cálido y reconocible. Como la canela.

lunes, 2 de febrero de 2026

SORTEO

❤️ SORTEO SAN VALENTÍN - 25 EJEMPLARES FIRMADOS ❤️

*El Niño que Huele a Canela* guarda el olor de tu primer amor.
Ese aroma que no explica nada, pero lo dice todo.

Participa antes del 13 feb:
• Comenta: "¿Qué olor te lleva a tu historia de amor?"
• Etiqueta a esa persona + 1 amigo
• Sigue @mundocanela

Ganadores: 14 febrero. Envío gratis España.
Bases en bio. #SanValentínCanela


martes, 27 de enero de 2026

GRACIAS

Mundo Canela nació cuando el mundo se detuvo.
En plena pandemia escribí El niño que huele a canela sin pensar en una saga, sin pensar siquiera en publicar. Lo escribí porque lo necesitaba. Porque había cosas que dolían y escribir era una forma de sanar.

Ese primer libro fue un refugio.
Y, sin esperarlo, también lo fue para otros.

Gracias a los lectores, a sus mensajes, a sus propias historias reflejadas en la mía, Mundo Canela empezó a crecer. Lo que era un solo libro se convirtió en un universo, en una saga editorial donde cada historia explora una emoción distinta: la infancia, la memoria, las cicatrices, los aromas que nos guían y los recuerdos que no se van.

Cada libro nace del mismo lugar: lo humano, lo frágil, lo que permanece.
Mundo Canela no es solo una colección de libros.
Es un lugar al que vuelvo.
Y al que vosotros  me enseñasteis  que no volvía solo.


EL NIÑO QUE HUELE A CANELA

 Hoy me he despertado con esa sensación que aparece cuando una historia empieza a moverse sola, como si respirara por su cuenta. El niño que huele a canela lleva días susurrándome al oído, recordándome que ya no es solo mío, que pronto será de quienes lo lean, lo abracen y lo hagan suyo.

Mientras preparo café, pienso en él. En ese niño que camina conmigo desde hace años, que me enseñó a mirar la infancia sin filtros, sin adornos, sin miedo. A veces me pregunto si fui yo quien lo escribió o si fue él quien me escribió a mí. Porque cada vez que vuelvo a sus páginas, descubro algo que no sabía que estaba ahí: una herida que ya no duele igual, un aroma que me devuelve a la cocina de mi abuela, una frase que me sostiene cuando el día pesa.

Hoy siento que este libro está a punto de abrir una puerta. Y yo, que siempre he sido de caminar despacio, me sorprendo deseando que llegue el momento en que otros lo lean, lo huelan, lo vivan. Porque este niño no viene a explicar nada; viene a acompañar. A recordarnos que la memoria también puede ser un refugio.

Quizá por eso escribo este blog: para dejar constancia de este instante. De este pequeño temblor que anuncia que algo hermoso está por suceder.

 El niño que huele a canela

Hay libros que se leen.

Y hay libros que se respiran.

El niño que huele a canela es una historia íntima, sensorial y luminosa sobre la memoria, la infancia y las cicatrices que aprendemos a amar.

Muy pronto llegará a tus manos.

Y cuando lo haga, su aroma se quedará contigo.

domingo, 25 de enero de 2026

MUNDO CANELA

 



No empecé a escribir pensando en una colección.
Empecé a escribir para no romperme.

Al principio solo había recuerdos sueltos.
Olores.
Cocinas pequeñas.
Radios encendidas.
Canciones que sonaban mientras la vida pasaba sin pedir permiso.

Escribí para entender de dónde venía.
Para poner orden en una infancia que no siempre fue sencilla.
Para darle nombre a cosas que durante años no lo tuvieron.

Con el tiempo, me di cuenta de algo:
no estaba escribiendo solo mi historia.
Estaba escribiendo una forma de mirar.

Una forma de contar lo que casi nunca se cuenta.
Las vidas discretas.
Los amores silenciosos.
Las heridas que no hacen ruido, pero pesan.

Mundo Canela nace ahí.
En esa necesidad de transformar lo cotidiano en memoria.
De convertir la cocina en refugio.
De hacer de la música un lugar al que volver.
De darle dignidad a todo lo que durante años fue pequeño, invisible o callado.

Cada libro de esta colección es una habitación de la misma casa.
En todas huele a algo conocido.
En todas suena una canción.
En todas hay una historia que alguien creyó que no merecía ser contada.

Aquí no hay héroes perfectos.
Hay personas que hicieron lo que pudieron.
Que amaron como supieron.
Que sobrevivieron cuando amar, ser o decir era más difícil.

No escribo para explicar el pasado.
Escribo para acompañarlo.
Para mirarlo sin miedo.
Para decirle: te veo, aunque llegues tarde.

Si estás leyendo esto, entras en un lugar donde no se grita.
Se escucha.
Donde no se juzga.
Se recuerda.

Mundo Canela no es una colección para correr.
Es una colección para quedarse un rato.
Para leer despacio.
Para reconocer algo propio en la historia de otro.


Esto es una invitación.

A sentarte.
A escuchar.
A recordar.

Porque, al final,
todas las vidas que pasan por aquí
tienen algo en común:

sobrevivieron.

✨ Soy El niño que huele a canela y quiero contarte mi historia



Desde pequeño me dicen que dejo un aroma a canela allá por donde paso. Yo no sé si es magia, destino o simple casualidad, pero lo cierto es que ese olor ha marcado mi vida… y ahora quiero compartirla contigo.

En mi libro te abro la puerta a mis recuerdos, mis descubrimientos y esas pequeñas aventuras que, aunque parezcan sencillas, han cambiado mi manera de mirar el mundo. Cada página es un pedacito de mi historia, escrita con la misma calidez con la que la canela perfuma una habitación.

Y si después de leerme te quedas con ganas de más, en mi blog sigo contando lo que vivo, lo que pienso y lo que sueño. Allí encontrarás reflexiones, relatos nuevos y ese universo íntimo que sigue creciendo conmigo día a día.

🌟 ¿Por qué acompañarme?

Porque quiero que descubras la belleza que se esconde en lo cotidiano.

Porque mis palabras buscan despertar tu curiosidad y tu ternura.

Porque cada texto —del libro o del blog— lleva un poquito de ese aroma que me hace único.

📚 Mi libro es para leer despacio.

🌐 Mi blog es para volver siempre.

Si te apetece, te invito a entrar en mi mundo.

Prometo que huele a canela.

viernes, 23 de enero de 2026

Carpanta y el hambre de historias



Carpanta.
Solo decir su nombre ya me lleva a otra época. A esos años en los que el hambre no siempre era solo de comida. También era de cariño, de futuro, de un sitio donde quedarse un rato sin que doliera.

Carpanta no era solo un personaje de cómic. Era casi un espejo. Ese hombre siempre con hambre, siempre buscando algo que llevarse a la boca, siempre sobreviviendo como podía. Yo, de niño, no entendía del todo la metáfora. Pero algo dentro de mí la reconocía.

Leía esos tebeos como quien mira por una rendija.
Me reía, sí. Pero también aprendía sin saberlo. Aprendía que el humor puede ser una forma de aguantar. Que reírse de la miseria es, a veces, la única manera de no dejar que te hunda.

Recuerdo el papel gastado, las esquinas dobladas, el olor a feria, a mercadillo, a manos que ya habían pasado por esas páginas antes que yo. Historias usadas. Como muchas de las cosas que me tocaron vivir. Pero vivas.

Hoy entiendo que Carpanta me enseñó algo importante:
que se puede tener hambre y, aun así, seguir de pie. Que se puede estar roto y seguir caminando. Que incluso desde la carencia se puede construir un relato propio.

Quizá por eso, años después, nació El Niño Canela.
Porque yo también tuve hambre. No solo de pan. Hambre de palabras, de hogar, de alguien que dijera: aquí puedes quedarte un rato.

Y ahora, cuando escribo, siento que sigo leyendo aquellos tebeos.
Solo que ya no soy solo lector. Ahora también soy el que cuenta la historia.


📚 Si conectas con esta memoria:
El niño que huele a canela es también la historia de ese hambre invisible. De cómo se transforma en identidad, en cocina, en palabras. En una manera digna de seguir adelante.


El Chico Canela · DMA / Mundo Canela

miércoles, 21 de enero de 2026

GRATA SOSPRESA

 



Se abren las inscripciones de interés para las próximas presentaciones del libro
El niño que huele a canela, de David Maroto Avilés (DMA).

📍 Ciudades confirmadas: Lleida y Reus
📅 Fechas por anunciar próximamente
🖋 Encuentro con el autor y firma de ejemplares
🎟 Entrada libre (aforo limitado)

👉 Para reservar plaza o recibir información prioritaria,
contacta por mensaje privado o correo.

Organiza: Mundo Canela
Con la colaboración de Editorial Literaria

martes, 20 de enero de 2026

Las cosas que me sostienen cuando el día pesa

 


Hay días en los que no me pasa nada especial.
No hay noticias, no hay grandes conversaciones, no hay certezas.
Y aun así, el día pesa.

En esos días no me sostengo con discursos ni con fuerza. Me sostengo con gestos pequeños, casi invisibles. Con lo que hago sin pensar demasiado, porque si lo pienso, me caigo.

Me sostengo preparando algo sencillo en la cocina. No para lucirme, no para nadie más. Cocinar me ordena por dentro. Me recuerda que algo puede empezar y acabar bien, aunque fuera todo esté revuelto. A veces solo es una olla al fuego y el silencio acompañando. Y con eso, basta.

Me sostiene la memoria. No la bonita, no la que se cuenta fácil. Me sostiene la memoria real. La que me recuerda de dónde vengo y por qué no quiero volver a ciertos lugares. Recordar no siempre duele; a veces protege.

Me sostiene escribir. Escribir cuando nadie mira, cuando no hay aplausos ni prisa. Escribo para no romperme, para dejarme un rastro por si algún día me pierdo. No escribo para enseñar nada a nadie. Escribo para seguir respirando con un poco de sentido.

He aprendido que no necesito grandes planes para seguir.
Necesito rituales.
Repeticiones.
Pequeñas certezas que no fallan.

Las cosas que me sostienen casi nunca se ven. No hacen ruido. No se explican bien. Pero están. Y cuando están, puedo seguir un día más.


El Niño Canela


📖 Una nota, por si te quedas un poco más

Todo esto que escribo aquí también vive, con más calma y más profundidad, en mi libro
El niño que huele a canela.

Es un libro escrito desde la cocina, la memoria y la identidad, publicado con la colaboración de mi editorial Diversidad Literaria, que supo entender el tono y el respeto que esta historia necesitaba.

Si te apetece acompañarme un poco más, el libro está disponible  en los espacios habituales de Mundo Canela.

Gracias por leer.



Gracias por quedarte.

DMA / Mundo Canela

lunes, 19 de enero de 2026

PORQUE AHORA

 Escribo ahora porque antes no podía.

No porque no supiera juntar palabras, sino porque no sabía dónde colocarlas sin que me dolieran demasiado.

Durante mucho tiempo fui ruido, prisa, supervivencia.
Fui un niño que aprendió a callar antes que a hablar, a observar antes que a pedir.
La vida me enseñó a resistir, no a contar.
Y mientras uno resiste, no escribe: aguanta.

Me lancé a escribir cuando entendí que ya no estaba huyendo.
Cuando el silencio dejó de ser un enemigo y se volvió mesa, cuaderno y tiempo.
Cuando el cuerpo, cansado de pelear, pidió memoria.
Cuando el pasado dejó de morder y empezó a preguntar.

Escribo ahora porque ahora sé quién soy.
Porque ya no necesito inventarme una voz: la tengo.
Huele a cocina, a tardes largas, a música bajita, a cicatrices limpias.
Huele a canela.

Antes tenía heridas.
Ahora tengo historia.

Antes quería que me vieran.
Ahora quiero dejar algo para quien venga detrás.

Escribo porque entendí que lo vivido no era una carga, sino un legado.
Porque alguien tiene que decir que se puede salir del frío con las manos llenas de palabras.
Porque la dignidad también se escribe despacio, a fuego lento.

Me lancé a escribir cuando comprendí que no debía explicarme, sino ser honesto.
Cuando dejé de pedir permiso al pasado.
Cuando asumí que contar mi verdad no era traicionar a nadie, sino reconciliarme conmigo.

No escribo para brillar.
Escribo para poner orden.
Para dar nombre a lo que fue confuso.
Para que el niño que fui pueda sentarse tranquilo y decir:
—Ahora sí.

Por eso escribo ahora y no antes.
Porque ahora no sangro al recordar.
Ahora cocino la memoria.
Ahora soy el Niño Canela…
y ya no tengo miedo de contar mi historia.


domingo, 18 de enero de 2026

El Grito en las Migas

 


El Grito en las Migas

En una cocina perdida de La Mancha, Alejo aprendió a cocinar siguiendo recetas que no eran suyas. En un Madrid que despertaba a la libertad, descubrió que también podía reinventarse.

🔥 Tradición o libertad. 🔥 Silencio o verdad. 🔥 Herencia o identidad.

El Grito en las Migas es la historia de un joven que se atreve a romper el molde, a desafiar el sabor de su destino y a cocinar su propia vida. Una novela sobre raíces, deseo y el coraje de elegir quién quieres ser.

¿Estás listo para escuchar el grito que esconden las migas?

El aroma que permanece

Hay aromas que no se olvidan. No porque sean intensos, sino porque son honestos. La canela es uno de ellos. No grita: acompaña. No invade: ...