El niño que huele a canela es una memoria íntima y poética sobre la infancia, el abandono, la cocina como refugio y la fuerza del recuerdo.Una lectura breve, sincera y profundamente humana, capaz de emocionar desde la primera página.
viernes, 24 de julio de 2026
Hay libros que se leen. Y hay libros que se quedan dentro
El niño que huele a canela es una memoria íntima y poética sobre la infancia, el abandono, la cocina como refugio y la fuerza del recuerdo.Una lectura breve, sincera y profundamente humana, capaz de emocionar desde la primera página.
jueves, 16 de julio de 2026
EL NIÑO QUE HUELE A CANELA
A veces no recordamos una etapa de nuestra vida por lo que vimos, sino por lo que sentimos.
Hay aromas que permanecen para siempre. La canela, un abrazo. Una cocina. Una persona que ya no está. Un instante que cambió nuestra historia.
El niño que huele a canela es una novela que invita a detenerse, mirar hacia dentro y recordar que, incluso en los momentos más difíciles, siempre existe un pequeño aroma capaz de devolvernos la esperanza.
Si alguna vez un olor te ha transportado a un recuerdo inolvidable, quizá esta historia también consiga quedarse contigo.
📖 ¿Qué aroma te lleva de vuelta a tu infancia? Cuéntamelo en los comentarios.
#ElNiñoQueHueleACanela #LecturaRecomendada #Novela #Libros #Literatura #Lectores #AmorPorLosLibros #HistoriasQueEmocionan #Memoria #Canela #Escritores #DMAEditorial
domingo, 12 de julio de 2026
La cocina lenta del Mundo Canela: por qué vuelvo al blog
Hace meses que no escribo aquí. El blog se ha quedado callado, como esas cocinas que se apagan cuando la vida se acelera. Pero hoy, en mitad de julio, con el verano extendiéndose como un mantel blanco, siento que es momento de encender de nuevo el fuego.
¿Qué ha pasado?
La vida, como siempre, se ha interpuesto. Empecé otros proyectos y colaboraciones que me tenían ocupado. Nuevas rutas, nuevas cocinas, nuevos tiempos. Y en medio de todo eso, el blog se fue quedando atrás.
No por falta de ganas. Sino por exceso de realidad.
¿Por qué vuelvo?
Porque este blog nunca fue un escaparate. Es la cocina lenta del proyecto Mundo Canela. El lugar donde se cuecen las ideas a fuego lento, donde los olores se transforman en palabras y las memorias en textos.
Vuelvo porque necesito este espacio. Porque escribir aquí no es una obligación: es un ritual. Una forma de volver a mí mismo, de recordar quién soy más allá de la rutina.
¿Qué encontrarás?
Reflexiones sobre el tiempo, la memoria y la escritura
Recetas con historia (de esa cocina que fue mi refugio y mi salvación)
Fragmentos de libros y ejercicios de escritura
Actualidad del Mundo Canela: proyectos, ilustraciones, novedades
Ejercicios creativos para escribir desde el cuerpo y los sentidos
Este no es un blog de productividad. No busco impresionarte con palabras bonitas. Busco acompañarte. Como se acompaña a un amigo en la cocina, mientras se pica cebolla y se habla de lo que duele, de lo que sana, de lo que queda cuando todo lo demás se ha ido.
Un lugar donde el tiempo se saborea
Este blog es un taller. Un lugar donde el tiempo no corre, sino que se saborea. Donde la canela no es solo un olor: es una forma de estar en el mundo.
Te invito a volver conmigo. A leer sin prisa. A recordar con el cuerpo. A escribir con las manos manchadas de vida.
¿Y tú?
¿Qué te gustaría leer aquí? ¿Recetas con historia? ¿Ejercicios de escritura? ¿Fragmentos de libros? Déjame un comentario o escríbeme por Instagram (@davidmarotoaviles). Este blog es tuyo también.
Gracias por estar al otro lado. Por leer. Por esperar. Por volver.
Con gratitud,
domingo, 24 de mayo de 2026
Hoy escribimos desde el pulso pequeño: no prometo grandes historias, solo una esquina de memoria donde cabe una sola cosa —el ruido de la taza, la canela en el aire— y todo lo demás se deja respirar.
Hay días en que la vida pide lentitud: doblar la ropa, hablar con la luz, recordar el nombre de un sabor que ya no vive en la casa. Me siento a la mesa con una libreta y escribo tres líneas que saben a infancia; no pretenden ser verdad absoluta, solo un fragmento que se queda prendido en la garganta.
El Mundo Canela no necesita prisa. Cada palabra que dejamos crecer despacio alimenta la memoria; cada gesto pequeño (un vaso calentito, una mancha de tierra en las manos) es un gesto de fidelidad a aquello que fuimos. Hoy el blog se abre como se abre una ventana: para dejar entrar el aire y también para mirar el polvo que danza en su silencio.
Si te parece, volveré el domingo: traeré otra imagen, otra frase, un pedazo de recuerdo. Mientras tanto, guarda una cucharilla de canela en la mesa —no para medir ingredientes, sino para medir el tiempo.
domingo, 17 de mayo de 2026
Volvemos despacio
Hace tiempo que no escribíamos aquí.
No por falta de cosas que contar, sino porque a veces la vida pide silencio, pausa y un poco de fondo para que las palabras vuelvan a encontrar su sitio. Hay etapas así, en las que uno se aleja sin irse del todo, y deja que el tiempo ordene lo que por dentro todavía estaba buscando forma.
Este blog sigue siendo nuestra casa pequeña, ese lugar donde caben la memoria, los sabores, las imágenes que no se olvidan y las palabras que nacen sin prisa. Un rincón para volver cuando hace falta recordar de dónde venimos y qué nos sigue latiendo por dentro.
Hoy regresamos así: despacio, con verdad, sin ruido.
Como quien abre una ventana después de mucho tiempo y deja entrar otra vez la luz.
Porque hay espacios que no se abandonan.
Solo esperan.
Y este, el nuestro, estaba esperando.
**El Chico Canela**
**DMA**
domingo, 10 de mayo de 2026
Queridos lectores,
Hacía un mes que no nos veíamos por aquí. El **fuego lento** del Universo Canela nunca se apaga, solo se concentra para volver con más fuerza.
Hoy retomamos el camino. Con la misma **autenticidad**, la misma **humanidad** y esa **belleza silenciosa** que nos define.
**DMA** ha regresado.
Seguimos escribiendo la memoria.
Seguimos cocinando emociones.
Bienvenidos al hogar.
🌙✨
**David Maroto Avilés**
**DMA - El Niño que huele a Canela**
#UniversoCanela #DMACanela #Bienvenidos
domingo, 19 de abril de 2026
todo continua
Hacía tiempo que no escribía aquí. Demasiado, la verdad.
Entre el nuevo trabajo, preparar la feria de Sant Jordi y este torbellino que es empezar una actividad nueva, la agenda se ha llenado y el blog se ha quedado callado.
Pero hoy, Sant Jordi, es uno de esos días que me recuerdan por qué empecé a escribir: por la emoción de las historias, por el olor de los libros, por esa mezcla de febrero y azul, de canela y futbolín.
Volver no significa que todo vuelva “como antes”. Ahora escribo con otro ritmo, con más cansancio y también con más ganas. Ganas de contar, despacio, cómo el Universo Canela se expande: desde el niño que huele a canela al hombre que se levanta temprano, atiende a la gente y luego se sienta, aunque sea a altas horas, a poner letras una detrás de otra.
Este blog vuelve con el propósito de ser más fiel a lo que vivo: no solo textos bonitos, sino también el ruido del día, el sudor, las dudas, el nervio de la fera
el abrazo de la gente que se acerca, las historias que se cuentan entre números y bolsitas.
Si te quedas, sabrás que no volveré a desaparecer sin avisar.
Y si has vuelto, bienvenid@ a este nuevo capítulo de “Universo Canela”: el que huele a loteria, a regalos, a libros y a tiempo lento.
lunes, 6 de abril de 2026
DIA DE RECOGER LA MONA DE PASCUA
Hoy en Reus las calles respiran un poco más hondo. El lunes de Pascua no se parece a los otros lunes: es un día que se toma su tiempo, como si el mundo se hubiera acordado de bajar un poco el ritmo. No hay prisas urgentes, ni agendas que no puedan esperar. Solo la calma de un festivo que sabe a domingo alargado.
En la cocina, el aire también cambia. El horno se enciende con otra intención: no es solo para cocinar, es para celebrar. Un huevo, un trozo de pan, un dulce sencillo… se convierten en gestos pequeños de gratitud. En el Mundo Canela, la Pascua no pide grandes alardes, sino cercanía. Es la excusa perfecta para sentarse a la mesa con uno mismo, con la familia, con la memoria de los que ya no están pero siguen ocupando silla.
Este lunes esconde algo bonito: nos recuerda que el descanso también puede ser fiesta. Que no hace falta correr hacia el futuro para que el día valga la pena. A veces, lo más importante es detenerse. Mirar alrededor. Notar que el sol entra de otra forma, que el tiempo se estira, que la ciudad se permite un respiro colectivo.
En Reus, el lunes de Pascua huele a pan recién hecho, a café compartido, a voces que se cruzan más despacio por la calle. Es un día que invita a hacer menos y habitar más. No tanto para rendir, sino para recordar quiénes somos cuando nadie nos mira: cuando el trabajo se calla, cuando el reloj se ralentiza, cuando el corazón se queda mirando por la ventana.
Tal vez, por eso, este lunes sea un buen día para escribir. Para encender una luz tenue, sacar un cuaderno y dejar que salga lo que quiera. No es necesario que sea perfecto, solo honesto. Un texto corto, una carta al niño que fuiste, una nota para ti mismo. Pequeños rituales de Primavera interior que se celebran sin necesidad de altavoces.
Que este lunes de Pascua en Reus sea un recordatorio dulce: que la vida también puede ser sencilla, cálida y lenta. Y que, en medio de tanta agilidad impuesta, el descanso consciente es también un acto de rebeldía amorosa.
domingo, 5 de abril de 2026
UN DOMINGO MAS
Hoy es domingo y la casa amanece más lenta que de costumbre.
No hay prisa en los relojes ni urgencias en el teléfono, solo ese silencio raro que se cuela entre las persianas, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo para que por fin puedas escucharte por dentro.
En la cocina, la luz entra a trozos.
Un rayo de sol se posa sobre la mesa, justo donde anoche dejaste una taza con restos de café y un libro abierto por la mitad. La canela, que quedó pegada a la cerámica, ha dibujado un círculo imperfecto, como una pequeña luna doméstica que te recuerda que el tiempo también sabe ser amable cuando no lo llenas de tareas.
Hoy no hace falta hacerlo todo.
No pasa nada si la ropa espera en la silla, si los platos se quedan un rato más en el fregadero, si la bandeja del correo sigue llena de mensajes que no vas a contestar ahora.
Hoy la única cita importante es contigo, con ese niño interior que sigue oliendo a canela y a pan tostado, y que lleva demasiado tiempo llamando a la puerta para que le dejes pasar.
Te preparas un café sin mirar el reloj.
Mientras el agua hierve, recuerdas aquellas mañanas en las que alguien te decía qué hacer, a qué hora levantarte, cómo comportarte, dónde colocar tus manos para no molestar. Creciste aprendiendo a ser eficiente, obediente, resistente.
Pero nadie te enseñó a descansar sin sentir culpa. Nadie te explicó que también es un acto de valentía bajar el ritmo y decir: hoy me quedo conmigo.
Te sientas frente a la ventana con la taza entre las manos.
El vapor sube despacio, y el olor a canela llena la habitación como una manta invisible. De repente, te das cuenta de que hace mucho que no te quedabas quieto a escuchar el ruido sencillo de la calle: un coche que pasa, una vecina que cierra la puerta, un pájaro que insiste en repetir la misma melodía.
El mundo sigue, sí, pero tú por fin te has dado permiso para no correr detrás de él.
En ese pequeño paréntesis, empiezan a aparecer recuerdos.
Vuelven las cocinas de otros tiempos, las voces que ya no están, las manos que te acercaban un plato caliente para consolar un día difícil. Vuelven también las cicatrices: las veces en que no te creyeron, las ausencias, los portazos.
Pero hoy, en este domingo tranquilo, no vienen para hacerte daño, sino para recordarte todo lo que has sobrevivido.
Sigues aquí. Sigues escribiendo tu historia, aunque a veces se te olvide.
Quizá descansar también sea eso:
reconocer que no tienes que ser productivo para merecer un lugar en el mundo.
Que tu valor no se mide por la cantidad de cosas que haces, sino por la manera en que te sostienes cuando nadie mira, por la ternura con la que te hablas cuando todo se cae, por la paciencia que te tienes mientras sanas.
Piensas en el niño que fuiste.
En ese niño que olía a canela y a refugio, incluso cuando la vida le quedaba grande. Él no necesitaba una agenda llena para sentirse vivo: le bastaba una tostada recién hecha, una historia antes de dormir, una mirada sincera que dijera “aquí estás a salvo”.
Tal vez el adulto que eres ahora necesite lo mismo, aunque lo disfrace de responsabilidades y listas interminables.
Por eso, hoy te propongo un gesto sencillo:
cierra los ojos un momento, respira hondo y pregúntate cómo estás de verdad.
No cómo deberías estar, ni cómo quieres parecer ante los demás, sino cómo estás tú, aquí y ahora, con tus cansancios, tus deseos y tus pequeñas ganas de seguir.
Si te viene una lágrima, déjala caer. Si te nace una sonrisa, déjala quedarse. No tienes que corregir nada.
Este domingo de canela no viene a arreglar tu vida, viene a recordarte que no estás roto, solo cansado.
Que mereces pausas, meriendas lentas, siestas improvisadas, llamadas sin motivo, abrazos que duren más de tres segundos.
Que también es parte de la sanación aprender a no hacer nada y descubrir que, incluso cuando no haces nada, sigues siendo suficiente.
Cuando termines tu café, no salgas corriendo.
Quédate un poco más en este lugar suave, aunque sea solo en tu mente.
Piensa en algo pequeño que puedas regalarte hoy: una caminata sin destino, una receta sencilla, una canción repetida diez veces, una página de ese libro que llevas semanas posponiendo.
Hazlo sin prisa, sin obligación, sin necesidad de demostrar nada a nadie.
Porque, al final, de eso va este mundo que estás construyendo:
de aprender a habitarte por dentro con la misma ternura con la que una casa se llena de aroma a canela cuando alguien decide encender el fuego, solo porque sí.
Sin motivo.
Sin excusas.
Solo porque lo mereces.
domingo, 29 de marzo de 2026
GRACIAS
Gracias a todos por hacer realidad el aroma del Universo Canela.
Vuestra presencia convirtió la presentación en un fuego lento de emociones compartidas.
Un día para recordar
La sala de la Biblioteca Xavier Amorós se llenó de rostros amigos y desconocidos que se convirtieron en cómplices. Cada palabra leída, cada copia firmada con una palabra única para vosotros, tejió la magia de El Niño que Huele a Canela. El Niño Canela cobró vida entre risas, abrazos y ese silencio atento que solo nace de lo auténtico.
Mis colaboradores, mi familia
A la biblioteca y su equipo, por abrir las puertas y proveer los marca páginas que guardarán vuestras memorias.
A carlos mi invitado especial, por compartir su luz y enriquecer el universo con su voz.
A los que trajisteis chapas, vinilos y el calor de lo cotidiano: sois el pulso de este proyecto DMA.
Y a cada asistente que compró, escuchó o simplemente estuvo: gracias por oler a canela conmigo.
Sin vosotros, no habría fuego. Seguid oliendo la vida. 🌙✨
lunes, 16 de marzo de 2026
Hoy, en el Mundo Canela, el Niño Canela recorre las calles de Reus con un décimo de ONCE en la mano, oliendo a esa especiada memoria que nunca se va, mientras reparte sueños como quien reparte esperanza en los pasillos del abandono.
Del libro original, rescato este latido del capítulo "Pan duro, alma tierna":
A veces la vida empieza en los rincones más humildes. El mío estaba junto a una cocina. No era grande ni brillante, sino la del centro de menores donde pasé buena parte de mi infancia. All, entre ollas abolladas y vapor espeso, descubrí algo parecido a la ternura. Susi, la cocinera del centro, fue mi primera maestra sin pretenderlo. Me recibía cada mañana con una sonrisa cansada y un trozo de pan duro con chocolate."
Así como Susi me dio pan y refugio cuando no había nadie, hoy vendo boletos ONCE gritando "¡Repartiendo sueños!" en el Mercat Central, convirtiendo cada décimo en un puente hacia la dignidad que encontré fregando platos. El niño que ayudaba en la cocina del centro –con pies colgando y manos aprendiendo a salar guisos– ahora transforma números en ilusiones para otros, honrando esa alma tierna que el fuego lento siempre guarda.
Hay libros que se leen. Y hay libros que se quedan dentro
El niño que huele a canela es una memoria íntima y poética sobre la infancia, el abandono, la cocina como refugio y la fuerza del recuerdo....
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Hay días en los que todo parece avanzar sin ruido. Sin titulares. Sin aplausos. Son esos días los que más importan. Los que se viven despac...
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❤️ SORTEO SAN VALENTÍN - 25 EJEMPLARES FIRMADOS ❤️ *El Niño que Huele a Canela* guarda el olor de tu primer amor. Ese aroma que no explica n...









