lunes, 16 de febrero de 2026

El aroma que nos ancla



Hay días en los que el pasado no golpea. Llega en silencio, como ese primer aliento de canela en la mañana: discreto, pero profundo. Te sorprende en la penumbra de la memoria, sin estridencias, sin prisas, igual que se descubre el fuego lento cuando nadie mira.

El aroma no es un mero olor. Es un pacto con lo que fuimos. Con las cocinas donde nadie preguntaba por qué se hacía así, simplemente se hacía. Donde las manos sabían más que las palabras y el tiempo se contaba en cucharadas de memoria. Aquí, en esta mesa invisible que une generaciones, cada gesto repite lo que siempre ha sido. Porque hay saberes que no necesitan ser explicados para ser verdaderos.

El pasado nos sostiene. Lo hace igual que la canela sostiene a un guiso o a un pan templado: con firmeza, con paciencia, sin arrogancias. No se impone; acompaña. Y cuando nos hacemos mayores —o simplemente más conscientes— entendemos que la tradición no es una carga, sino un legado silencioso que nos enseña cómo mirar, cómo recordar y, sobre todo, cómo permanecer fieles a lo esencial.

No es nostalgia lo que buscamos aquí. Es reconocimiento. Saborear lo que nos alimentó, lo que nos modeló y lo que volvió nuestras manos rituales y humanas. Porque cocinar no fue nunca solo un acto técnico; fue —y sigue siendo— una manera de nombrar lo íntimo. Una forma humilde de decir: estuve aquí. Pensé. Recordé. Amé.

Hoy, cuando enciendo la cocina y dejo que el aroma despierte recuerdos, sé que cada gesto me ancla a un tiempo más lento, a una memoria más verdadera. Y sé también que escribir —como cocinar— es un acto de fidelidad: a quienes nos enseñaron, a quienes nos vieron crecer y a quienes no estarán, pero viven en el aroma de cada palabra.

miércoles, 11 de febrero de 2026

YA QUEDA MENOS

 El Mundo Canela está lleno de pequeños rituales, y este San Valentín quiero celebrarlo contigo regalando 


ejemplares firmados de “El niño que huele a canela”.

El sorteo se cierra mañana, 13 de febrero, así que estas últimas horas son como ese aroma que se queda flotando en la cocina cuando ya has apagado el fuego: intenso, cálido, imposible de ignorar.

Participar es muy sencillo: solo tienes que dejar en los comentarios tu olor favorito, etiquetar a tu enamorada/o y a un amigo, y seguir el blog 

Con cada participación ayudas a que este universo hecho de memoria, canela y abrazos llegue a más lectores que quizá necesitan justo esta historia en este momento.


El 14 de febrero anunciaré a los ganadores y esos  libros, firmados uno a uno, empezarán su viaje hacia nuevas estanterías, nuevas mesitas de noche y nuevas tazas de café con aroma a infancia.


martes, 10 de febrero de 2026

🌿 *El Chico Canela* 🌿



Hoy comparto algo que va más allá de las palabras: la protección oficial de mi universo. 


La marca **DMA - El Niño que huele a canela**, el saber de las tres y el grito en las tapas, están registrados en **Safe Creative** con el código **2020828352**.


No es solo un trámite legal. Es un acto de respeto a la memoria que me formó, a las cicatrices que me enseñaron y al aroma que une todo: la canela discreta, la que calienta sin quemar.




Este registro sella lo que empezó como un libro y se ha convertido en **Editorial Mundo Canela**: un espacio para autores que, como yo, escriben desde la verdad emocional. Donde transformamos historias personales en objetos vivos —libros ilustrados, con alma y protegidos.


Si llevas dentro una historia que pide ser contada, ven. Te acompaño a fuego lento: desde la primera idea hasta la cubierta que huela a hogar.


¿Tu memoria también lleva canela? Escríbeme: davidmarotoaviles@gmail.com



P.D. Los domingos siguen siendo para pausar, como en mi última entrada. Pero hoy, con este sello, el futuro huele más fuert

miércoles, 4 de febrero de 2026

El aroma que permanece



Hay aromas que no se olvidan. No porque sean intensos, sino porque son honestos. La canela es uno de ellos. No grita: acompaña. No invade: se queda. Así debería ser también un hombre bien hecho.

El mino que huele a canela no es una pose ni una moda. Es una forma de estar en el mundo. Es el que sabe llegar a tiempo, mirar a los ojos y sostener la palabra. El que entiende que la elegancia no se compra, se cultiva. Que el carácter se forja en el silencio, en la constancia, en la manera correcta de hacer las cosas, incluso cuando nadie está mirando.

Antes, los hombres sabían quiénes eran por lo que hacían cada día. Por cómo trabajaban, cómo comían, cómo se sentaban a la mesa. No necesitaban proclamarse nada. Bastaba con abrir una puerta, servir un café, cumplir una promesa. Ese legado no está perdido: está esperando ser retomado.

La canela huele a hogar, a fuego lento, a recetas heredadas. Huele a paciencia. A tiempo bien empleado. El mino que huele a canela entiende que lo bueno no se improvisa. Se construye. Como un guiso serio, como un libro bien editado, como una vida con sentido.

Hoy, en medio del ruido, reivindicamos al hombre que no corre detrás de todo, sino que camina firme hacia lo suyo. El que no busca agradar a todos, sino ser fiel a su criterio. El que respeta el pasado porque sabe que ahí están las bases de lo que vale la pena.

Si algo queda cuando uno se va, que sea esto: un aroma limpio, cálido y reconocible. Como la canela.

lunes, 2 de febrero de 2026

SORTEO

❤️ SORTEO SAN VALENTÍN - 25 EJEMPLARES FIRMADOS ❤️

*El Niño que Huele a Canela* guarda el olor de tu primer amor.
Ese aroma que no explica nada, pero lo dice todo.

Participa antes del 13 feb:
• Comenta: "¿Qué olor te lleva a tu historia de amor?"
• Etiqueta a esa persona + 1 amigo
• Sigue @mundocanela

Ganadores: 14 febrero. Envío gratis España.
Bases en bio. #SanValentínCanela


martes, 27 de enero de 2026

GRACIAS

Mundo Canela nació cuando el mundo se detuvo.
En plena pandemia escribí El niño que huele a canela sin pensar en una saga, sin pensar siquiera en publicar. Lo escribí porque lo necesitaba. Porque había cosas que dolían y escribir era una forma de sanar.

Ese primer libro fue un refugio.
Y, sin esperarlo, también lo fue para otros.

Gracias a los lectores, a sus mensajes, a sus propias historias reflejadas en la mía, Mundo Canela empezó a crecer. Lo que era un solo libro se convirtió en un universo, en una saga editorial donde cada historia explora una emoción distinta: la infancia, la memoria, las cicatrices, los aromas que nos guían y los recuerdos que no se van.

Cada libro nace del mismo lugar: lo humano, lo frágil, lo que permanece.
Mundo Canela no es solo una colección de libros.
Es un lugar al que vuelvo.
Y al que vosotros  me enseñasteis  que no volvía solo.


EL NIÑO QUE HUELE A CANELA

 Hoy me he despertado con esa sensación que aparece cuando una historia empieza a moverse sola, como si respirara por su cuenta. El niño que huele a canela lleva días susurrándome al oído, recordándome que ya no es solo mío, que pronto será de quienes lo lean, lo abracen y lo hagan suyo.

Mientras preparo café, pienso en él. En ese niño que camina conmigo desde hace años, que me enseñó a mirar la infancia sin filtros, sin adornos, sin miedo. A veces me pregunto si fui yo quien lo escribió o si fue él quien me escribió a mí. Porque cada vez que vuelvo a sus páginas, descubro algo que no sabía que estaba ahí: una herida que ya no duele igual, un aroma que me devuelve a la cocina de mi abuela, una frase que me sostiene cuando el día pesa.

Hoy siento que este libro está a punto de abrir una puerta. Y yo, que siempre he sido de caminar despacio, me sorprendo deseando que llegue el momento en que otros lo lean, lo huelan, lo vivan. Porque este niño no viene a explicar nada; viene a acompañar. A recordarnos que la memoria también puede ser un refugio.

Quizá por eso escribo este blog: para dejar constancia de este instante. De este pequeño temblor que anuncia que algo hermoso está por suceder.

 El niño que huele a canela

Hay libros que se leen.

Y hay libros que se respiran.

El niño que huele a canela es una historia íntima, sensorial y luminosa sobre la memoria, la infancia y las cicatrices que aprendemos a amar.

Muy pronto llegará a tus manos.

Y cuando lo haga, su aroma se quedará contigo.

domingo, 25 de enero de 2026

MUNDO CANELA

 



No empecé a escribir pensando en una colección.
Empecé a escribir para no romperme.

Al principio solo había recuerdos sueltos.
Olores.
Cocinas pequeñas.
Radios encendidas.
Canciones que sonaban mientras la vida pasaba sin pedir permiso.

Escribí para entender de dónde venía.
Para poner orden en una infancia que no siempre fue sencilla.
Para darle nombre a cosas que durante años no lo tuvieron.

Con el tiempo, me di cuenta de algo:
no estaba escribiendo solo mi historia.
Estaba escribiendo una forma de mirar.

Una forma de contar lo que casi nunca se cuenta.
Las vidas discretas.
Los amores silenciosos.
Las heridas que no hacen ruido, pero pesan.

Mundo Canela nace ahí.
En esa necesidad de transformar lo cotidiano en memoria.
De convertir la cocina en refugio.
De hacer de la música un lugar al que volver.
De darle dignidad a todo lo que durante años fue pequeño, invisible o callado.

Cada libro de esta colección es una habitación de la misma casa.
En todas huele a algo conocido.
En todas suena una canción.
En todas hay una historia que alguien creyó que no merecía ser contada.

Aquí no hay héroes perfectos.
Hay personas que hicieron lo que pudieron.
Que amaron como supieron.
Que sobrevivieron cuando amar, ser o decir era más difícil.

No escribo para explicar el pasado.
Escribo para acompañarlo.
Para mirarlo sin miedo.
Para decirle: te veo, aunque llegues tarde.

Si estás leyendo esto, entras en un lugar donde no se grita.
Se escucha.
Donde no se juzga.
Se recuerda.

Mundo Canela no es una colección para correr.
Es una colección para quedarse un rato.
Para leer despacio.
Para reconocer algo propio en la historia de otro.


Esto es una invitación.

A sentarte.
A escuchar.
A recordar.

Porque, al final,
todas las vidas que pasan por aquí
tienen algo en común:

sobrevivieron.

✨ Soy El niño que huele a canela y quiero contarte mi historia



Desde pequeño me dicen que dejo un aroma a canela allá por donde paso. Yo no sé si es magia, destino o simple casualidad, pero lo cierto es que ese olor ha marcado mi vida… y ahora quiero compartirla contigo.

En mi libro te abro la puerta a mis recuerdos, mis descubrimientos y esas pequeñas aventuras que, aunque parezcan sencillas, han cambiado mi manera de mirar el mundo. Cada página es un pedacito de mi historia, escrita con la misma calidez con la que la canela perfuma una habitación.

Y si después de leerme te quedas con ganas de más, en mi blog sigo contando lo que vivo, lo que pienso y lo que sueño. Allí encontrarás reflexiones, relatos nuevos y ese universo íntimo que sigue creciendo conmigo día a día.

🌟 ¿Por qué acompañarme?

Porque quiero que descubras la belleza que se esconde en lo cotidiano.

Porque mis palabras buscan despertar tu curiosidad y tu ternura.

Porque cada texto —del libro o del blog— lleva un poquito de ese aroma que me hace único.

📚 Mi libro es para leer despacio.

🌐 Mi blog es para volver siempre.

Si te apetece, te invito a entrar en mi mundo.

Prometo que huele a canela.

viernes, 23 de enero de 2026

Carpanta y el hambre de historias



Carpanta.
Solo decir su nombre ya me lleva a otra época. A esos años en los que el hambre no siempre era solo de comida. También era de cariño, de futuro, de un sitio donde quedarse un rato sin que doliera.

Carpanta no era solo un personaje de cómic. Era casi un espejo. Ese hombre siempre con hambre, siempre buscando algo que llevarse a la boca, siempre sobreviviendo como podía. Yo, de niño, no entendía del todo la metáfora. Pero algo dentro de mí la reconocía.

Leía esos tebeos como quien mira por una rendija.
Me reía, sí. Pero también aprendía sin saberlo. Aprendía que el humor puede ser una forma de aguantar. Que reírse de la miseria es, a veces, la única manera de no dejar que te hunda.

Recuerdo el papel gastado, las esquinas dobladas, el olor a feria, a mercadillo, a manos que ya habían pasado por esas páginas antes que yo. Historias usadas. Como muchas de las cosas que me tocaron vivir. Pero vivas.

Hoy entiendo que Carpanta me enseñó algo importante:
que se puede tener hambre y, aun así, seguir de pie. Que se puede estar roto y seguir caminando. Que incluso desde la carencia se puede construir un relato propio.

Quizá por eso, años después, nació El Niño Canela.
Porque yo también tuve hambre. No solo de pan. Hambre de palabras, de hogar, de alguien que dijera: aquí puedes quedarte un rato.

Y ahora, cuando escribo, siento que sigo leyendo aquellos tebeos.
Solo que ya no soy solo lector. Ahora también soy el que cuenta la historia.


📚 Si conectas con esta memoria:
El niño que huele a canela es también la historia de ese hambre invisible. De cómo se transforma en identidad, en cocina, en palabras. En una manera digna de seguir adelante.


El Chico Canela · DMA / Mundo Canela

miércoles, 21 de enero de 2026

GRATA SOSPRESA

 



Se abren las inscripciones de interés para las próximas presentaciones del libro
El niño que huele a canela, de David Maroto Avilés (DMA).

📍 Ciudades confirmadas: Lleida y Reus
📅 Fechas por anunciar próximamente
🖋 Encuentro con el autor y firma de ejemplares
🎟 Entrada libre (aforo limitado)

👉 Para reservar plaza o recibir información prioritaria,
contacta por mensaje privado o correo.

Organiza: Mundo Canela
Con la colaboración de Editorial Literaria

martes, 20 de enero de 2026

Las cosas que me sostienen cuando el día pesa

 


Hay días en los que no me pasa nada especial.
No hay noticias, no hay grandes conversaciones, no hay certezas.
Y aun así, el día pesa.

En esos días no me sostengo con discursos ni con fuerza. Me sostengo con gestos pequeños, casi invisibles. Con lo que hago sin pensar demasiado, porque si lo pienso, me caigo.

Me sostengo preparando algo sencillo en la cocina. No para lucirme, no para nadie más. Cocinar me ordena por dentro. Me recuerda que algo puede empezar y acabar bien, aunque fuera todo esté revuelto. A veces solo es una olla al fuego y el silencio acompañando. Y con eso, basta.

Me sostiene la memoria. No la bonita, no la que se cuenta fácil. Me sostiene la memoria real. La que me recuerda de dónde vengo y por qué no quiero volver a ciertos lugares. Recordar no siempre duele; a veces protege.

Me sostiene escribir. Escribir cuando nadie mira, cuando no hay aplausos ni prisa. Escribo para no romperme, para dejarme un rastro por si algún día me pierdo. No escribo para enseñar nada a nadie. Escribo para seguir respirando con un poco de sentido.

He aprendido que no necesito grandes planes para seguir.
Necesito rituales.
Repeticiones.
Pequeñas certezas que no fallan.

Las cosas que me sostienen casi nunca se ven. No hacen ruido. No se explican bien. Pero están. Y cuando están, puedo seguir un día más.


El Niño Canela


📖 Una nota, por si te quedas un poco más

Todo esto que escribo aquí también vive, con más calma y más profundidad, en mi libro
El niño que huele a canela.

Es un libro escrito desde la cocina, la memoria y la identidad, publicado con la colaboración de mi editorial Diversidad Literaria, que supo entender el tono y el respeto que esta historia necesitaba.

Si te apetece acompañarme un poco más, el libro está disponible  en los espacios habituales de Mundo Canela.

Gracias por leer.



Gracias por quedarte.

DMA / Mundo Canela

lunes, 19 de enero de 2026

PORQUE AHORA

 Escribo ahora porque antes no podía.

No porque no supiera juntar palabras, sino porque no sabía dónde colocarlas sin que me dolieran demasiado.

Durante mucho tiempo fui ruido, prisa, supervivencia.
Fui un niño que aprendió a callar antes que a hablar, a observar antes que a pedir.
La vida me enseñó a resistir, no a contar.
Y mientras uno resiste, no escribe: aguanta.

Me lancé a escribir cuando entendí que ya no estaba huyendo.
Cuando el silencio dejó de ser un enemigo y se volvió mesa, cuaderno y tiempo.
Cuando el cuerpo, cansado de pelear, pidió memoria.
Cuando el pasado dejó de morder y empezó a preguntar.

Escribo ahora porque ahora sé quién soy.
Porque ya no necesito inventarme una voz: la tengo.
Huele a cocina, a tardes largas, a música bajita, a cicatrices limpias.
Huele a canela.

Antes tenía heridas.
Ahora tengo historia.

Antes quería que me vieran.
Ahora quiero dejar algo para quien venga detrás.

Escribo porque entendí que lo vivido no era una carga, sino un legado.
Porque alguien tiene que decir que se puede salir del frío con las manos llenas de palabras.
Porque la dignidad también se escribe despacio, a fuego lento.

Me lancé a escribir cuando comprendí que no debía explicarme, sino ser honesto.
Cuando dejé de pedir permiso al pasado.
Cuando asumí que contar mi verdad no era traicionar a nadie, sino reconciliarme conmigo.

No escribo para brillar.
Escribo para poner orden.
Para dar nombre a lo que fue confuso.
Para que el niño que fui pueda sentarse tranquilo y decir:
—Ahora sí.

Por eso escribo ahora y no antes.
Porque ahora no sangro al recordar.
Ahora cocino la memoria.
Ahora soy el Niño Canela…
y ya no tengo miedo de contar mi historia.


domingo, 18 de enero de 2026

El Grito en las Migas

 


El Grito en las Migas

En una cocina perdida de La Mancha, Alejo aprendió a cocinar siguiendo recetas que no eran suyas. En un Madrid que despertaba a la libertad, descubrió que también podía reinventarse.

🔥 Tradición o libertad. 🔥 Silencio o verdad. 🔥 Herencia o identidad.

El Grito en las Migas es la historia de un joven que se atreve a romper el molde, a desafiar el sabor de su destino y a cocinar su propia vida. Una novela sobre raíces, deseo y el coraje de elegir quién quieres ser.

¿Estás listo para escuchar el grito que esconden las migas?

LAS COSAS QUE NOS SOSTIENEN

 



Hay días en los que no hace falta mucho para seguir adelante.
No hacen falta grandes discursos ni promesas solemnes. A veces basta una taza caliente entre las manos, una canción antigua sonando de fondo o el olor persistente de la canela que recuerda que hubo cocinas donde nadie tenía prisa.

Las cosas que nos sostienen casi nunca son ruidosas.
Son discretas. Vienen del pasado. Se parecen mucho a lo que nos enseñaron quienes ya no están o a lo poco que aprendimos a cuidar cuando todo iba mal. Un gesto repetido, una costumbre humilde, una palabra dicha a tiempo.

Sostiene la memoria.
Sostiene saber de dónde venimos, incluso cuando no fue fácil. Sostiene aceptar que la vida no siempre se endulza, pero que puede hacerse más llevadera si se cocina a fuego lento, como se hacía antes, sin atajos y sin trampas.

Sostiene también la escritura.
Poner las cosas en orden, nombrarlas, mirarlas de frente. Escribir no para impresionar, sino para entender. Para dejar constancia de que, pese a todo, uno sigue aquí.

El niño que huele a canela  nace precisamente de ahí: de las cosas pequeñas que no se ven, pero que sostienen una vida entera. No es un libro para correr, sino para acompañar. Para quienes saben que resistir también es un acto silencioso.

Hoy, como tantos otros días, conviene recordarlo:
no siempre nos sostienen las grandes victorias, sino aquello que cuidamos cuando nadie mira.


Disponible en Amazon:
https://www.amazon.com/author/dmacanela

Blog oficial:
https://elchicocanela.blogspot.com/

sábado, 17 de enero de 2026

El grito que también se come

 


El grito que también se come


Hay días en los que el grito no sale por la boca.
Se queda en las manos.
En el gesto de cortar el pan.
En la forma de remover una olla sin levantar la voz.

Hoy quiero hablarte de eso.

De las migas.
No como receta, sino como memoria.

Las migas siempre fueron un plato humilde. Pan duro, ajo, aceite, fuego lento. Nada más. Y, sin embargo, ahí dentro cabía todo: el hambre, la posguerra, las casas frías, las cocinas pequeñas y las órdenes que no se discutían. Las migas se hacían como siempre se habían hecho. Sin preguntas. Sin cambios. Sin margen para uno mismo.

Durante mucho tiempo yo también fui así.
Cociné como me enseñaron. Viví como se esperaba. Callé más de lo que debía.
Hasta que entendí que incluso en el plato más humilde puede haber un grito.

Un grito contenido.
Un grito limpio.
Un grito que no rompe, pero despierta.

Escribir El grito en las migas ha sido volver a esa cocina y mirarla con otros ojos. Respetar lo aprendido, sí, pero atreverme a decir: esto también soy yo. Porque la tradición no está reñida con la verdad. Lo que mata es el silencio cuando se convierte en norma.

Este blog, como mis libros, no va de recetas perfectas. Va de memoria. De identidad. De aceptar que todos llevamos algo que durante años no nos atrevimos a nombrar. Y de entender que a veces basta con un pequeño gesto —una especia nueva, una palabra escrita, una decisión tomada— para empezar a vivir de otra manera.

Si alguna vez sentiste que tenías que encajar a la fuerza.
Si creciste obedeciendo más que eligiendo.
Si también llevas un grito discreto guardado dentro…

Este espacio es para ti.

📖 El niño que huele a canela está disponible y sigue vivo en cada lector que se reconoce en sus páginas.
📝 Aquí, en el blog, seguimos caminando despacio, a fuego lento, sin ruido pero con verdad.

Gracias por estar.
Gracias por leer.
Gracias por no callarte del todo.

El Niño Canela (DMA)

viernes, 16 de enero de 2026

 

Ritual de cocina para no perder el norte

(con Los Secretos acompañando)

Hay días en los que no hace falta pensar demasiado.
Basta con repetir un gesto conocido.
Entrar en la cocina. Poner música. Respirar.

Hoy suenan Los Secretos.
No como ruido de fondo, sino como se escuchaban antes: acompañando la vida. Una canción que no exige nada, pero lo dice todo. Pero a tu lado suele funcionar. Siempre.

Este es un ritual sencillo.
De esos que no salen en los libros de cocina modernos, pero que sostienen a una persona entera.

Ingredientes

  • Una cocina en calma.

  • Una sartén con uso, mejor si tiene marcas del tiempo.

  • Pan.

  • Aceite de oliva.

  • Un recuerdo bueno.

  • Una pizca de canela, casi invisible.

El ritual

Pon la música antes que el fuego.
La cocina no empieza en los fogones, empieza en el ánimo.

Calienta el aceite despacio.
No busques el punto exacto: busca el momento.
Mientras, deja que la canción avance sin tocar nada.

Tuesta el pan sin prisas.
Cuando esté, añade una mínima pizca de canela.
No para que se note, sino para que quede.

Apaga el fuego antes de tiempo.
La vida tampoco se termina de hacer nunca del todo.

Siéntate.
Come despacio.
Deja que la canción acabe antes del último bocado.

El sentido

Este mismo gesto —tan simple— es el que atraviesa El niño que huele a canela: la manera en que las pequeñas rutinas salvan días grandes. Cocinas compartidas, silencios largos, música que acompaña y una forma de estar en el mundo sin disfraz.

Escribir este blog y escribir el libro nacen del mismo lugar:
de la necesidad de contar sin gritar,
de recordar sin rencor,
de vivir a fuego lento.

Si estás aquí leyendo, este espacio también es tuyo.
El blog sigue creciendo día a día,
y el libro permanece, esperando a quien necesite reconocerse en él.

Seguimos.
Con música.
Con cocina.
Con memoria.

El Niño Canela
DMA




jueves, 15 de enero de 2026

UNA MAÑANA MAS

Hay mañanas que no empiezan con ruido, sino con memoria.
La cocina aún está fría, la luz entra despacio y el café tarda en hacerse, como si también él necesitara recordar de dónde viene. En esos instantes, cuando el día todavía no exige nada, el pasado se sienta conmigo a la mesa sin pedir permiso.

No llega como un golpe, llega como un olor.
A pan caliente. A detergente barato. A pasillo largo. A silencio compartido.
La memoria no grita: insiste.

Fui un niño que aprendió pronto a observar. En los márgenes, en las esquinas, en los lugares donde nadie miraba. Allí entendí que la vida no siempre se explica, pero se soporta. Que crecer no es olvidar, sino aprender a colocar cada recuerdo en su sitio para que no pese más de lo necesario.

Hubo cocinas grandes, con horarios estrictos y mesas largas. Lugares donde el hambre era real, pero también lo era la disciplina. Donde se rezaba antes de comer y se aprendía a callar después. En aquellos espacios, entre cucharas golpeando platos y miradas que evitaban cruzarse, descubrí algo esencial: la dignidad no depende de lo que te falte, sino de cómo te mantienes en pie cuando falta.

No todo fue duro. La memoria también guarda risas breves, complicidades silenciosas, canciones que se colaban por una radio vieja. Aprendí que incluso en los sitios más ásperos crece algo parecido al afecto. No siempre tiene nombre, pero existe. Y salva.

Con los años entendí que la herida no es el problema. El problema es negarla. Yo tardé, como tantos, en aceptar que lo vivido no se borra, se integra. Que no se trata de ajustar cuentas con el pasado, sino de mirarlo de frente y decirle: ya te he entendido.

Ser diferente nunca fue una elección, fue una constatación. Y durante mucho tiempo pensé que eso me alejaba del mundo. Hoy sé que me enseñó a mirarlo con más cuidado. La diferencia afina la sensibilidad, obliga a escuchar mejor, a leer los gestos pequeños. A sobrevivir, primero. A vivir, después.

El tiempo, que parece cruel cuando uno es joven, acaba siendo un aliado discreto. Coloca las cosas. Suaviza los bordes. Permite perdonar sin olvidar. Y enseña algo fundamental: no todo merece respuesta, pero casi todo merece comprensión.

Ahora, cuando escribo, no lo hago para ajustar cuentas ni para buscar consuelo. Escribo para ordenar. Para dejar constancia. Para que aquello que fue no se pierda en el ruido. Cada palabra es una forma de respeto hacia el niño que fui y hacia el adulto que sigo aprendiendo a ser.

La vida, al final, no se mide por los golpes recibidos, sino por la capacidad de sentarse en silencio y reconocerse entero. Con cicatrices, sí. Pero también con memoria, con oficio, con calma.

El café ya está hecho. La mañana avanza.
Y yo sigo aquí, escribiendo despacio, como se hacen las cosas importantes.

DMA / El Niño Canela


martes, 13 de enero de 2026

Cuando un libro encuentra su casa


Hay libros que se escriben.
Y hay libros que, además, encuentran hogar.

El niño que huele a canela – A fuego lento nació de una vida que no fue fácil,
pero hoy camina con nombre propio dentro de una editorial literaria



con lectores reales y con un espacio que lo cuida: este blog.

Eso no es poco.
Eso es oficio.

En un mundo saturado de ruido, el Universo Canela ha elegido el camino antiguo:
escribir bien, editar con respeto y publicar con dignidad.
Como se ha hecho siempre en la literatura de verdad.

Nuestra editorial no es una fábrica.
Es una mesa de madera, una lámpara encendida y una corrección hecha a mano.
Es DMA / Mundo Canela:
un sello creado para proteger historias humanas, no para explotarlas.

Y este blog, El Chico Canela, es su voz diaria.
Aquí no se publican anuncios vacíos.
Aquí se publica memoria.

Cada entrada que lees sostiene al libro.
Cada lector que llega mantiene viva la editorial.
Cada palabra compartida construye comunidad.

Por eso este martes no se vende nada:
se presenta.

Se presenta una obra que ya está en librerías digitales,
en plataformas literarias
y en manos de lectores que han encontrado en ella algo que no sabían que necesitaban.

Se presenta un autor que firma como DMA,
porque a veces el nombre verdadero no es el del DNI,
sino el de la historia que uno ha sobrevivido.

Y se presenta un proyecto editorial que no va a desaparecer mañana,
porque está hecho con el mismo material que los libros que perduran:
verdad.

Si estás aquí, ya formas parte de eso.

El Niño Canela
DMA

lunes, 12 de enero de 2026

Apoya el proyecto Mundo Canela

Apoya el proyecto Mundo Canela

Mundo Canela nació como un libro.
Hoy es un universo literario independiente que reúne a más de 9.000 lectores y seguidores entre el blog y las redes sociales.

No es una editorial industrial ni una marca vacía.
Es un proyecto de memoria, literatura y creación sostenido por una sola voz, un oficio y una comunidad que cree en el valor de la palabra.

Cada historia, cada ilustración y cada edición existe gracias a un trabajo artesanal de escritura, corrección, diseño y publicación.


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El proyecto se mantiene sin subvenciones ni grandes editoriales.
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Se trata de sostener una obra cultural viva.


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  • Nuevos libros y relatos

  • Ediciones cuidadas

  • Un proyecto independiente que ya tiene lectores reales

📚 Obras publicadas:
https://www.amazon.com/author/dmacanela

📝 Blog y relatos:
https://elchicocanela.blogspot.com


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  • apoyo periódico

  • patrocinio de ediciones o proyectos concretos

Quien desee colaborar puede escribir por mensaje privado y se le informará de las opciones disponibles.


Gracias por estar aquí.
Gracias por leer.
Gracias por sostener este mundo.

DMA / Mundo Canela

El aroma que nos ancla

Hay días en los que el pasado no golpea. Llega en silencio, como ese primer aliento de canela en la mañana: discreto, pero profundo. Te sor...