lunes, 6 de abril de 2026

DIA DE RECOGER LA MONA DE PASCUA

 Hoy en Reus las calles respiran un poco más hondo. El lunes de Pascua no se parece a los otros lunes: es un día que se toma su tiempo, como si el mundo se hubiera acordado de bajar un poco el ritmo. No hay prisas urgentes, ni agendas que no puedan esperar. Solo la calma de un festivo que sabe a domingo alargado.


En la cocina, el aire también cambia. El horno se enciende con otra intención: no es solo para cocinar, es para celebrar. Un huevo, un trozo de pan, un dulce sencillo… se convierten en gestos pequeños de gratitud. En el Mundo Canela, la Pascua no pide grandes alardes, sino cercanía. Es la excusa perfecta para sentarse a la mesa con uno mismo, con la familia, con la memoria de los que ya no están pero siguen ocupando silla.


Este lunes esconde algo bonito: nos recuerda que el descanso también puede ser fiesta. Que no hace falta correr hacia el futuro para que el día valga la pena. A veces, lo más importante es detenerse. Mirar alrededor. Notar que el sol entra de otra forma, que el tiempo se estira, que la ciudad se permite un respiro colectivo.


En Reus, el lunes de Pascua huele a pan recién hecho, a café compartido, a voces que se cruzan más despacio por la calle. Es un día que invita a hacer menos y habitar más. No tanto para rendir, sino para recordar quiénes somos cuando nadie nos mira: cuando el trabajo se calla, cuando el reloj se ralentiza, cuando el corazón se queda mirando por la ventana.


Tal vez, por eso, este lunes sea un buen día para escribir. Para encender una luz tenue, sacar un cuaderno y dejar que salga lo que quiera. No es necesario que sea perfecto, solo honesto. Un texto corto, una carta al niño que fuiste, una nota para ti mismo. Pequeños rituales de Primavera interior que se celebran sin necesidad de altavoces.


Que este lunes de Pascua en Reus sea un recordatorio dulce: que la vida también puede ser sencilla, cálida y lenta. Y que, en medio de tanta agilidad impuesta, el descanso consciente es también un acto de rebeldía amorosa.


domingo, 5 de abril de 2026

UN DOMINGO MAS

 Hoy es domingo y la casa amanece más lenta que de costumbre.

No hay prisa en los relojes ni urgencias en el teléfono, solo ese silencio raro que se cuela entre las persianas, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo para que por fin puedas escucharte por dentro.


En la cocina, la luz entra a trozos.

Un rayo de sol se posa sobre la mesa, justo donde anoche dejaste una taza con restos de café y un libro abierto por la mitad. La canela, que quedó pegada a la cerámica, ha dibujado un círculo imperfecto, como una pequeña luna doméstica que te recuerda que el tiempo también sabe ser amable cuando no lo llenas de tareas.


Hoy no hace falta hacerlo todo.

No pasa nada si la ropa espera en la silla, si los platos se quedan un rato más en el fregadero, si la bandeja del correo sigue llena de mensajes que no vas a contestar ahora.

Hoy la única cita importante es contigo, con ese niño interior que sigue oliendo a canela y a pan tostado, y que lleva demasiado tiempo llamando a la puerta para que le dejes pasar.


Te preparas un café sin mirar el reloj.

Mientras el agua hierve, recuerdas aquellas mañanas en las que alguien te decía qué hacer, a qué hora levantarte, cómo comportarte, dónde colocar tus manos para no molestar. Creciste aprendiendo a ser eficiente, obediente, resistente.

Pero nadie te enseñó a descansar sin sentir culpa. Nadie te explicó que también es un acto de valentía bajar el ritmo y decir: hoy me quedo conmigo.


Te sientas frente a la ventana con la taza entre las manos.

El vapor sube despacio, y el olor a canela llena la habitación como una manta invisible. De repente, te das cuenta de que hace mucho que no te quedabas quieto a escuchar el ruido sencillo de la calle: un coche que pasa, una vecina que cierra la puerta, un pájaro que insiste en repetir la misma melodía.

El mundo sigue, sí, pero tú por fin te has dado permiso para no correr detrás de él.


En ese pequeño paréntesis, empiezan a aparecer recuerdos.

Vuelven las cocinas de otros tiempos, las voces que ya no están, las manos que te acercaban un plato caliente para consolar un día difícil. Vuelven también las cicatrices: las veces en que no te creyeron, las ausencias, los portazos.

Pero hoy, en este domingo tranquilo, no vienen para hacerte daño, sino para recordarte todo lo que has sobrevivido.

Sigues aquí. Sigues escribiendo tu historia, aunque a veces se te olvide.


Quizá descansar también sea eso:

reconocer que no tienes que ser productivo para merecer un lugar en el mundo.

Que tu valor no se mide por la cantidad de cosas que haces, sino por la manera en que te sostienes cuando nadie mira, por la ternura con la que te hablas cuando todo se cae, por la paciencia que te tienes mientras sanas.


Piensas en el niño que fuiste.

En ese niño que olía a canela y a refugio, incluso cuando la vida le quedaba grande. Él no necesitaba una agenda llena para sentirse vivo: le bastaba una tostada recién hecha, una historia antes de dormir, una mirada sincera que dijera “aquí estás a salvo”.

Tal vez el adulto que eres ahora necesite lo mismo, aunque lo disfrace de responsabilidades y listas interminables.


Por eso, hoy te propongo un gesto sencillo:

cierra los ojos un momento, respira hondo y pregúntate cómo estás de verdad.

No cómo deberías estar, ni cómo quieres parecer ante los demás, sino cómo estás tú, aquí y ahora, con tus cansancios, tus deseos y tus pequeñas ganas de seguir.

Si te viene una lágrima, déjala caer. Si te nace una sonrisa, déjala quedarse. No tienes que corregir nada.


Este domingo de canela no viene a arreglar tu vida, viene a recordarte que no estás roto, solo cansado.

Que mereces pausas, meriendas lentas, siestas improvisadas, llamadas sin motivo, abrazos que duren más de tres segundos.

Que también es parte de la sanación aprender a no hacer nada y descubrir que, incluso cuando no haces nada, sigues siendo suficiente.


Cuando termines tu café, no salgas corriendo.

Quédate un poco más en este lugar suave, aunque sea solo en tu mente.

Piensa en algo pequeño que puedas regalarte hoy: una caminata sin destino, una receta sencilla, una canción repetida diez veces, una página de ese libro que llevas semanas posponiendo.

Hazlo sin prisa, sin obligación, sin necesidad de demostrar nada a nadie.


Porque, al final, de eso va este mundo que estás construyendo:

de aprender a habitarte por dentro con la misma ternura con la que una casa se llena de aroma a canela cuando alguien decide encender el fuego, solo porque sí.

Sin motivo.

Sin excusas.

Solo porque lo mereces.


domingo, 29 de marzo de 2026

GRACIAS

Gracias a todos por hacer realidad el aroma del Universo Canela.

Vuestra presencia convirtió la presentación en un fuego lento de emociones compartidas.


Un día para recordar

La sala de la Biblioteca Xavier Amorós se llenó de rostros amigos y desconocidos que se convirtieron en cómplices. Cada palabra leída, cada copia firmada con una palabra única para vosotros, tejió la magia de El Niño que Huele a Canela. El Niño Canela cobró vida entre risas, abrazos y ese silencio atento que solo nace de lo auténtico.


Mis colaboradores, mi familia

A la biblioteca y su equipo, por abrir las puertas y proveer los marca páginas que guardarán vuestras memorias.

A carlos  mi invitado especial, por compartir su luz y enriquecer el universo con su voz.

A los que trajisteis chapas, vinilos y el calor de lo cotidiano: sois el pulso de este proyecto DMA.

Y a cada asistente que compró, escuchó o simplemente estuvo: gracias por oler a canela conmigo.



Sin vosotros, no habría fuego. Seguid oliendo la vida. 🌙✨

lunes, 16 de marzo de 2026

 Hoy, en el Mundo Canela, el Niño Canela recorre las calles de Reus con un décimo de ONCE en la mano, oliendo a esa especiada memoria que nunca se va, mientras reparte sueños como quien reparte esperanza en los pasillos del abandono.

Del libro original, rescato este latido del capítulo "Pan duro, alma tierna": 

A veces la vida empieza en los rincones más humildes. El mío estaba junto a una cocina. No era grande ni brillante, sino la del centro de menores donde pasé buena parte de mi infancia. All, entre ollas abolladas y vapor espeso, descubrí algo parecido a la ternura. Susi, la cocinera del centro, fue mi primera maestra sin pretenderlo. Me recibía cada mañana con una sonrisa cansada y un trozo de pan duro con chocolate."



Así como Susi me dio pan y refugio cuando no había nadie, hoy vendo boletos ONCE gritando "¡Repartiendo sueños!" en el Mercat Central, convirtiendo cada décimo en un puente hacia la dignidad que encontré fregando platos. El niño que ayudaba en la cocina del centro –con pies colgando y manos aprendiendo a salar guisos– ahora transforma números en ilusiones para otros, honrando esa alma tierna que el fuego lento siempre guarda.

viernes, 13 de marzo de 2026

UNA RECETA QUE ME ENAMORA

 Mi Receta de Pollo al Chilindrón, Paso a Paso

Esta es la versión que me gusta, la que me recuerda a las comidas familiares. Una salsa espesa, jugosa y con ese punto dulzón de los pimientos que se casa a la perfección con el pollo.


Ingredientes:


1 pollo troceado (de 1,2 kg aproximadamente)

2 pimientos verdes tipo italiano

1 pimiento rojo

1 Cebolla Grande

4 dientes de ajo

200 gramos de jamón serrano en taquitos (o panceta curada)

1 Bote de Tomate Triturado Natural (400 g) o 3-4 Tomates Maduros Rallados

1 cucharadita de pimentón dulce (si es de la Vera, mejor)

Un buen chorro de aceite de oliva virgen extra

Sal al gusto

Un vaso de vino blanco (opcional, pero le da un puntito fantástico)

Un vaso de agua o caldo de pollo

Unas hojas de perejil fresco para decorar

Elaboración:


El Secreto está en el Dorado: En una cazuela grande y a fuego medio, pon un buen chorro de aceite. Salpica ligeramente los trozos de pollo y dóralos por todas las caras hasta que estén bien dorados. Este paso es clave para que quede jugoso y suelte todo su sabor. Sácalos y resérvalos.

La Base de Todo: En esa misma cazuela (con todo el sabor del pollo), pocha la cebolla picada fina a fuego bajo-bajo. Queremos que quede transparente y dulce, sin que se queme. Cuando esté casi lista, añade los pimientos (verdes y rojo) cortados en tiras no muy gruesas y los ajos laminados. Sigue pochando todo junto unos 10-15 minutos, hasta que las verduras estén blandas.

Aparece el Protagonista: Sube un poco el fuego y añade los taquitos de jamón. Deja que suelten su grasa y su aroma un par de minutos. Ahora, aparta la cazuela del fuego (¡ojo, este es el truco!) y añade la cucharadita de pimentón. Remueve rápido para que se tueste y suelte todo su perfume sin que se amargue.

La Salsa que lo Todo lo Une: Vuelve a poner la cazuela al fuego. Añade el tomate triturado (o los tomates rallados) y cocina unos 5-7 minutos hasta que el "tomate pierda el miedo", es decir, hasta que evapore el agua y la salsa espese.

La Reunión Final: Es el momento de que todo se una. Vuelve a incorporar el pollo a la cazuela, mézclalo bien con la salsa para que se impregne. Si usas vino, échalo ahora y deja que se evapore el alcohol. Luego, añade el vaso de agua o caldo, sube el hervor y, en cuanto rompa a hervir, baja el fuego al mínimo.

La Magia del Tiempo: Tapa la cazuela y deja que el pollo se cocine lentamente durante unos 30-35 minutos. Queremos que la carne esté tierna, que se despegue sola del hueso, y que todos los sabores se hayan casado en una salsa espectacular. Si ves que la salsa queda muy líquida, destapa los últimos 10 minutos para que reduzca.

Un disfrutar: Pasado el tiempo, prueba y ajusta de sal. Especialmente

El consejo de El Chico Canela:

Este plato pide a gritos un buen trozo de pan crujiente. No hay nada como mojar en esa salsa roja y llena de sabor... ¡es una gloria bendita!


¿Te animas a preparar esta joya de la cocina tradicional? Déjame un comentario contándome qué te parece. ¡Qué aproveche


 


sábado, 7 de marzo de 2026

HOY


 Hoy no voy a ser fuerte.

Hoy no toca sonreír por compromiso ni decir “todo bien” cuando el cuerpo pide pausa. A veces el fuego lento también significa apartar la olla del fuego y aceptar que algo se ha pegado un poco al fondo.

El Niño que huele a canela creció aprendiendo a resistir.
Aguantar en centros de menores.
Aguantar en cocinas donde el cuerpo era herramienta.
Aguantar en amores que dolían más de lo que abrazaban.

Pero nadie le enseñó que descansar también es una forma de cuidarse.

Hoy escribo desde ese lugar frágil que casi nunca enseñamos.
Desde la cama deshecha.
Desde la nevera medio vacía.
Desde una bandeja de entrada llena de urgencias que, en realidad, pueden esperar.

No hay épica.
No hay foto perfecta.
Solo este cuerpo cansado que pide tregua.

Y está bien.

Porque el Mundo Canela no va de héroes invencibles.
Va de personas que sobreviven como pueden.
De hombres que fueron niños escondidos.
De mujeres que sostienen familias enteras con las manos agrietadas.
De adolescentes que no terminan de sentirse en casa ni siquiera en su propia casa.

No necesitamos más máscaras.
Necesitamos permiso para ser verdad.

Hoy te propongo un ritual sencillo:
pon agua a calentar, añade un trozo de canela y deja que el vapor te recuerde que no tienes que demostrar nada.

Si te apetece llorar, llora.
Si solo quieres mirar por la ventana, mira.
Si el único logro del día es tender la ropa o prepararte un café con leche, también cuenta.

La canela no grita.
No presume.
No compite.

Simplemente está: discreta y persistente, recordándonos que la belleza muchas veces vive en lo sencillo.

Ojalá hoy puedas tratarte así:
con honestidad, con calor, con paciencia.

Yo, DMA, hoy no voy a ser fuerte.
Hoy voy a ser real.

Y si tú también estás cansado, si hoy el mundo te queda grande, siéntate aquí conmigo.
En este blog que huele a memoria y a cocina encendida.

No prometo soluciones.
Pero sí compañía.

¿A qué huele tu día cuando decides bajar la guardia?

DMA
El Niño que huele a canela

martes, 3 de marzo de 2026

(DMA) presenta


“EL NIÑO QUE HUELE A CANELA”

Biblioteca Xavier Amorós · Reus
26 de marzo de 2026
19:00 h



Entrada libre hasta completar aforo

Hay libros que se leen.
Y hay libros que se respiran.

“EL NIÑO QUE HUELE A CANELA” es un viaje a la memoria sensorial, a la infancia que permanece intacta en el recuerdo, al aroma que despierta la emoción más profunda. Una obra que conecta literatura, identidad y raíces, y que reivindica el valor de lo esencial: la familia, la tradición y el legado invisible que nos construye.

La presentación contará con invitados especiales, colaboradores gastronómicos que aportarán una experiencia para los sentidos y especialistas en educación emocional que ofrecerán una mirada pedagógica y humana.

Al finalizar, el autor firmará ejemplares y compartirá este momento con los lectores.

Una tarde para reencontrarnos con lo que somos.
Una invitación a llenar Reus de memoria, aroma y emoción.

#UniversoCanela #ReusLiterario #DMA

jueves, 19 de febrero de 2026

GRACIAS

El niño que huele a canela entra en casa nueva: ya caminamos con Diversidad Literaria

Hay días en los que el pasado deja de doler y, de pronto, se convierte en hogar. Hoy es uno de esos días para El niño que huele a canela y para mí.


Porque ya es oficial: el universo canela se abre paso de la mano de la editorial DIVERSIDAD LITERARIA, un sello que apuesta por las voces que vienen de los márgenes, de las cocinas pequeñas, de las historias que casi nunca salen en los focos, pero arden por dentro.



Un niño que salió de los pasillos y llega a las librerías

El niño que huele a canela nació como una memoria íntima y poética: un viaje por los pasillos del abandono, la cocina como refugio, el cuerpo como campo de batalla y el amor como redención.


Es la historia de un niño que creció en centros de menores, que aprendió a sobrevivir entre ollas y silencios, que se casó por miedo, huyó por necesidad y regresó a sí mismo gracias a la escritura. Ese niño hoy da un paso más: entra en catálogo editorial y se sienta a la mesa con otros autores que también han decidido contar su verdad.


Por qué DIVERSIDAD LITERARIA es la casa adecuada

DIVERSIDAD LITERARIA no es solo una editorial: es un colectivo literario creado por jóvenes escritores con una obsesión hermosa: fomentar la lectura y la escritura en todos sus ámbitos.


Llevan más de una década construyendo comunidad, organizando concursos, antologías y proyectos que han dado voz a cientos de autores emergentes en lengua hispana. Es, además, una de las editoriales españolas con mayor impacto en redes sociales, con millones de personas alcanzadas cada mes: un altavoz poderoso para historias que necesitan ser escuchadas.


Que El niño que huele a canela se publique con un sello que cree en el talento que nace desde abajo, en las primeras oportunidades y en las segundas vidas, no es casualidad: es coherencia emocional.


El blog del Niño Canela: cocina lenta de palabras

El blog de El Niño Canela seguirá siendo la cocina lenta del proyecto: el lugar donde sigo compartiendo memoria, fragmentos, escenas cotidianas, reflexiones sobre los centros, las cocinas, los cuerpos que aprenden a perdonarse y las familias que se inventan.


Mientras DIVERSIDAD LITERARIA se encarga del proceso editorial, distribución y promoción del libro, el blog continúa como cuaderno vivo, laboratorio emocional y ventana directa entre lector y autor. Allí es donde seguiré mostrando el detrás de cámaras del proceso, las heridas que se nombran y las pequeñas victorias del día a día.


Lo que viene ahora

Con la entrada en DIVERSIDAD LITERARIA se abre una nueva etapa para el universo canela:


Edición y cuidado profesional del texto, para que cada página llegue a ti con la dignidad que merece.


Inclusión en la red de difusión del sello, con presencia en su tienda online y en sus canales de comunicación.


Posibles actividades, presentaciones y encuentros con lectores, dentro de la comunidad de autores del sello.


El niño que olía a canela en las cocinas de los centros, hoy empieza a oler también a tinta fresca y a páginas recién abiertas.


Llamada a quien lee

Si has acompañado al Niño Canela desde el principio, este es el momento de seguir caminando juntos:


Comparte esta noticia con alguien que ame los libros honestos y las historias que sanan.


Estate atento a las próximas fechas, novedades y enlaces de compra que anunciaré en el blog y en redes.


Y, sobre todo, cuando el libro llegue a tus manos, léelo despacio, como se huele una olla al fuego lento: dejando que la memoria haga su trabajo.


Gracias por hacer posible que este niño, que un día fue silencio, hoy tenga una editorial que amplifique su voz.


lunes, 16 de febrero de 2026

El aroma que nos ancla



Hay días en los que el pasado no golpea. Llega en silencio, como ese primer aliento de canela en la mañana: discreto, pero profundo. Te sorprende en la penumbra de la memoria, sin estridencias, sin prisas, igual que se descubre el fuego lento cuando nadie mira.

El aroma no es un mero olor. Es un pacto con lo que fuimos. Con las cocinas donde nadie preguntaba por qué se hacía así, simplemente se hacía. Donde las manos sabían más que las palabras y el tiempo se contaba en cucharadas de memoria. Aquí, en esta mesa invisible que une generaciones, cada gesto repite lo que siempre ha sido. Porque hay saberes que no necesitan ser explicados para ser verdaderos.

El pasado nos sostiene. Lo hace igual que la canela sostiene a un guiso o a un pan templado: con firmeza, con paciencia, sin arrogancias. No se impone; acompaña. Y cuando nos hacemos mayores —o simplemente más conscientes— entendemos que la tradición no es una carga, sino un legado silencioso que nos enseña cómo mirar, cómo recordar y, sobre todo, cómo permanecer fieles a lo esencial.

No es nostalgia lo que buscamos aquí. Es reconocimiento. Saborear lo que nos alimentó, lo que nos modeló y lo que volvió nuestras manos rituales y humanas. Porque cocinar no fue nunca solo un acto técnico; fue —y sigue siendo— una manera de nombrar lo íntimo. Una forma humilde de decir: estuve aquí. Pensé. Recordé. Amé.

Hoy, cuando enciendo la cocina y dejo que el aroma despierte recuerdos, sé que cada gesto me ancla a un tiempo más lento, a una memoria más verdadera. Y sé también que escribir —como cocinar— es un acto de fidelidad: a quienes nos enseñaron, a quienes nos vieron crecer y a quienes no estarán, pero viven en el aroma de cada palabra.

miércoles, 11 de febrero de 2026

YA QUEDA MENOS

 El Mundo Canela está lleno de pequeños rituales, y este San Valentín quiero celebrarlo contigo regalando 


ejemplares firmados de “El niño que huele a canela”.

El sorteo se cierra mañana, 13 de febrero, así que estas últimas horas son como ese aroma que se queda flotando en la cocina cuando ya has apagado el fuego: intenso, cálido, imposible de ignorar.

Participar es muy sencillo: solo tienes que dejar en los comentarios tu olor favorito, etiquetar a tu enamorada/o y a un amigo, y seguir el blog 

Con cada participación ayudas a que este universo hecho de memoria, canela y abrazos llegue a más lectores que quizá necesitan justo esta historia en este momento.


El 14 de febrero anunciaré a los ganadores y esos  libros, firmados uno a uno, empezarán su viaje hacia nuevas estanterías, nuevas mesitas de noche y nuevas tazas de café con aroma a infancia.


martes, 10 de febrero de 2026

🌿 *El Chico Canela* 🌿



Hoy comparto algo que va más allá de las palabras: la protección oficial de mi universo. 


La marca **DMA - El Niño que huele a canela**, el saber de las tres y el grito en las tapas, están registrados en **Safe Creative** con el código **2020828352**.


No es solo un trámite legal. Es un acto de respeto a la memoria que me formó, a las cicatrices que me enseñaron y al aroma que une todo: la canela discreta, la que calienta sin quemar.




Este registro sella lo que empezó como un libro y se ha convertido en **Editorial Mundo Canela**: un espacio para autores que, como yo, escriben desde la verdad emocional. Donde transformamos historias personales en objetos vivos —libros ilustrados, con alma y protegidos.


Si llevas dentro una historia que pide ser contada, ven. Te acompaño a fuego lento: desde la primera idea hasta la cubierta que huela a hogar.


¿Tu memoria también lleva canela? Escríbeme: davidmarotoaviles@gmail.com



P.D. Los domingos siguen siendo para pausar, como en mi última entrada. Pero hoy, con este sello, el futuro huele más fuert

miércoles, 4 de febrero de 2026

El aroma que permanece



Hay aromas que no se olvidan. No porque sean intensos, sino porque son honestos. La canela es uno de ellos. No grita: acompaña. No invade: se queda. Así debería ser también un hombre bien hecho.

El mino que huele a canela no es una pose ni una moda. Es una forma de estar en el mundo. Es el que sabe llegar a tiempo, mirar a los ojos y sostener la palabra. El que entiende que la elegancia no se compra, se cultiva. Que el carácter se forja en el silencio, en la constancia, en la manera correcta de hacer las cosas, incluso cuando nadie está mirando.

Antes, los hombres sabían quiénes eran por lo que hacían cada día. Por cómo trabajaban, cómo comían, cómo se sentaban a la mesa. No necesitaban proclamarse nada. Bastaba con abrir una puerta, servir un café, cumplir una promesa. Ese legado no está perdido: está esperando ser retomado.

La canela huele a hogar, a fuego lento, a recetas heredadas. Huele a paciencia. A tiempo bien empleado. El mino que huele a canela entiende que lo bueno no se improvisa. Se construye. Como un guiso serio, como un libro bien editado, como una vida con sentido.

Hoy, en medio del ruido, reivindicamos al hombre que no corre detrás de todo, sino que camina firme hacia lo suyo. El que no busca agradar a todos, sino ser fiel a su criterio. El que respeta el pasado porque sabe que ahí están las bases de lo que vale la pena.

Si algo queda cuando uno se va, que sea esto: un aroma limpio, cálido y reconocible. Como la canela.

lunes, 2 de febrero de 2026

SORTEO

❤️ SORTEO SAN VALENTÍN - 25 EJEMPLARES FIRMADOS ❤️

*El Niño que Huele a Canela* guarda el olor de tu primer amor.
Ese aroma que no explica nada, pero lo dice todo.

Participa antes del 13 feb:
• Comenta: "¿Qué olor te lleva a tu historia de amor?"
• Etiqueta a esa persona + 1 amigo
• Sigue @mundocanela

Ganadores: 14 febrero. Envío gratis España.
Bases en bio. #SanValentínCanela


martes, 27 de enero de 2026

GRACIAS

Mundo Canela nació cuando el mundo se detuvo.
En plena pandemia escribí El niño que huele a canela sin pensar en una saga, sin pensar siquiera en publicar. Lo escribí porque lo necesitaba. Porque había cosas que dolían y escribir era una forma de sanar.

Ese primer libro fue un refugio.
Y, sin esperarlo, también lo fue para otros.

Gracias a los lectores, a sus mensajes, a sus propias historias reflejadas en la mía, Mundo Canela empezó a crecer. Lo que era un solo libro se convirtió en un universo, en una saga editorial donde cada historia explora una emoción distinta: la infancia, la memoria, las cicatrices, los aromas que nos guían y los recuerdos que no se van.

Cada libro nace del mismo lugar: lo humano, lo frágil, lo que permanece.
Mundo Canela no es solo una colección de libros.
Es un lugar al que vuelvo.
Y al que vosotros  me enseñasteis  que no volvía solo.


EL NIÑO QUE HUELE A CANELA

 Hoy me he despertado con esa sensación que aparece cuando una historia empieza a moverse sola, como si respirara por su cuenta. El niño que huele a canela lleva días susurrándome al oído, recordándome que ya no es solo mío, que pronto será de quienes lo lean, lo abracen y lo hagan suyo.

Mientras preparo café, pienso en él. En ese niño que camina conmigo desde hace años, que me enseñó a mirar la infancia sin filtros, sin adornos, sin miedo. A veces me pregunto si fui yo quien lo escribió o si fue él quien me escribió a mí. Porque cada vez que vuelvo a sus páginas, descubro algo que no sabía que estaba ahí: una herida que ya no duele igual, un aroma que me devuelve a la cocina de mi abuela, una frase que me sostiene cuando el día pesa.

Hoy siento que este libro está a punto de abrir una puerta. Y yo, que siempre he sido de caminar despacio, me sorprendo deseando que llegue el momento en que otros lo lean, lo huelan, lo vivan. Porque este niño no viene a explicar nada; viene a acompañar. A recordarnos que la memoria también puede ser un refugio.

Quizá por eso escribo este blog: para dejar constancia de este instante. De este pequeño temblor que anuncia que algo hermoso está por suceder.

 El niño que huele a canela

Hay libros que se leen.

Y hay libros que se respiran.

El niño que huele a canela es una historia íntima, sensorial y luminosa sobre la memoria, la infancia y las cicatrices que aprendemos a amar.

Muy pronto llegará a tus manos.

Y cuando lo haga, su aroma se quedará contigo.

domingo, 25 de enero de 2026

MUNDO CANELA

 



No empecé a escribir pensando en una colección.
Empecé a escribir para no romperme.

Al principio solo había recuerdos sueltos.
Olores.
Cocinas pequeñas.
Radios encendidas.
Canciones que sonaban mientras la vida pasaba sin pedir permiso.

Escribí para entender de dónde venía.
Para poner orden en una infancia que no siempre fue sencilla.
Para darle nombre a cosas que durante años no lo tuvieron.

Con el tiempo, me di cuenta de algo:
no estaba escribiendo solo mi historia.
Estaba escribiendo una forma de mirar.

Una forma de contar lo que casi nunca se cuenta.
Las vidas discretas.
Los amores silenciosos.
Las heridas que no hacen ruido, pero pesan.

Mundo Canela nace ahí.
En esa necesidad de transformar lo cotidiano en memoria.
De convertir la cocina en refugio.
De hacer de la música un lugar al que volver.
De darle dignidad a todo lo que durante años fue pequeño, invisible o callado.

Cada libro de esta colección es una habitación de la misma casa.
En todas huele a algo conocido.
En todas suena una canción.
En todas hay una historia que alguien creyó que no merecía ser contada.

Aquí no hay héroes perfectos.
Hay personas que hicieron lo que pudieron.
Que amaron como supieron.
Que sobrevivieron cuando amar, ser o decir era más difícil.

No escribo para explicar el pasado.
Escribo para acompañarlo.
Para mirarlo sin miedo.
Para decirle: te veo, aunque llegues tarde.

Si estás leyendo esto, entras en un lugar donde no se grita.
Se escucha.
Donde no se juzga.
Se recuerda.

Mundo Canela no es una colección para correr.
Es una colección para quedarse un rato.
Para leer despacio.
Para reconocer algo propio en la historia de otro.


Esto es una invitación.

A sentarte.
A escuchar.
A recordar.

Porque, al final,
todas las vidas que pasan por aquí
tienen algo en común:

sobrevivieron.

✨ Soy El niño que huele a canela y quiero contarte mi historia



Desde pequeño me dicen que dejo un aroma a canela allá por donde paso. Yo no sé si es magia, destino o simple casualidad, pero lo cierto es que ese olor ha marcado mi vida… y ahora quiero compartirla contigo.

En mi libro te abro la puerta a mis recuerdos, mis descubrimientos y esas pequeñas aventuras que, aunque parezcan sencillas, han cambiado mi manera de mirar el mundo. Cada página es un pedacito de mi historia, escrita con la misma calidez con la que la canela perfuma una habitación.

Y si después de leerme te quedas con ganas de más, en mi blog sigo contando lo que vivo, lo que pienso y lo que sueño. Allí encontrarás reflexiones, relatos nuevos y ese universo íntimo que sigue creciendo conmigo día a día.

🌟 ¿Por qué acompañarme?

Porque quiero que descubras la belleza que se esconde en lo cotidiano.

Porque mis palabras buscan despertar tu curiosidad y tu ternura.

Porque cada texto —del libro o del blog— lleva un poquito de ese aroma que me hace único.

📚 Mi libro es para leer despacio.

🌐 Mi blog es para volver siempre.

Si te apetece, te invito a entrar en mi mundo.

Prometo que huele a canela.

viernes, 23 de enero de 2026

Carpanta y el hambre de historias



Carpanta.
Solo decir su nombre ya me lleva a otra época. A esos años en los que el hambre no siempre era solo de comida. También era de cariño, de futuro, de un sitio donde quedarse un rato sin que doliera.

Carpanta no era solo un personaje de cómic. Era casi un espejo. Ese hombre siempre con hambre, siempre buscando algo que llevarse a la boca, siempre sobreviviendo como podía. Yo, de niño, no entendía del todo la metáfora. Pero algo dentro de mí la reconocía.

Leía esos tebeos como quien mira por una rendija.
Me reía, sí. Pero también aprendía sin saberlo. Aprendía que el humor puede ser una forma de aguantar. Que reírse de la miseria es, a veces, la única manera de no dejar que te hunda.

Recuerdo el papel gastado, las esquinas dobladas, el olor a feria, a mercadillo, a manos que ya habían pasado por esas páginas antes que yo. Historias usadas. Como muchas de las cosas que me tocaron vivir. Pero vivas.

Hoy entiendo que Carpanta me enseñó algo importante:
que se puede tener hambre y, aun así, seguir de pie. Que se puede estar roto y seguir caminando. Que incluso desde la carencia se puede construir un relato propio.

Quizá por eso, años después, nació El Niño Canela.
Porque yo también tuve hambre. No solo de pan. Hambre de palabras, de hogar, de alguien que dijera: aquí puedes quedarte un rato.

Y ahora, cuando escribo, siento que sigo leyendo aquellos tebeos.
Solo que ya no soy solo lector. Ahora también soy el que cuenta la historia.


📚 Si conectas con esta memoria:
El niño que huele a canela es también la historia de ese hambre invisible. De cómo se transforma en identidad, en cocina, en palabras. En una manera digna de seguir adelante.


El Chico Canela · DMA / Mundo Canela

DIA DE RECOGER LA MONA DE PASCUA

 Hoy en Reus las calles respiran un poco más hondo. El lunes de Pascua no se parece a los otros lunes: es un día que se toma su tiempo, como...