Hoy no voy a ser fuerte.
Hoy no toca sonreír por compromiso ni decir “todo bien” cuando el cuerpo pide pausa. A veces el fuego lento también significa apartar la olla del fuego y aceptar que algo se ha pegado un poco al fondo.
El Niño que huele a canela creció aprendiendo a resistir.
Aguantar en centros de menores.
Aguantar en cocinas donde el cuerpo era herramienta.
Aguantar en amores que dolían más de lo que abrazaban.
Pero nadie le enseñó que descansar también es una forma de cuidarse.
Hoy escribo desde ese lugar frágil que casi nunca enseñamos.
Desde la cama deshecha.
Desde la nevera medio vacía.
Desde una bandeja de entrada llena de urgencias que, en realidad, pueden esperar.
No hay épica.
No hay foto perfecta.
Solo este cuerpo cansado que pide tregua.
Y está bien.
Porque el Mundo Canela no va de héroes invencibles.
Va de personas que sobreviven como pueden.
De hombres que fueron niños escondidos.
De mujeres que sostienen familias enteras con las manos agrietadas.
De adolescentes que no terminan de sentirse en casa ni siquiera en su propia casa.
No necesitamos más máscaras.
Necesitamos permiso para ser verdad.
Hoy te propongo un ritual sencillo:
pon agua a calentar, añade un trozo de canela y deja que el vapor te recuerde que no tienes que demostrar nada.
Si te apetece llorar, llora.
Si solo quieres mirar por la ventana, mira.
Si el único logro del día es tender la ropa o prepararte un café con leche, también cuenta.
La canela no grita.
No presume.
No compite.
Simplemente está: discreta y persistente, recordándonos que la belleza muchas veces vive en lo sencillo.
Ojalá hoy puedas tratarte así:
con honestidad, con calor, con paciencia.
Yo, DMA, hoy no voy a ser fuerte.
Hoy voy a ser real.
Y si tú también estás cansado, si hoy el mundo te queda grande, siéntate aquí conmigo.
En este blog que huele a memoria y a cocina encendida.
No prometo soluciones.
Pero sí compañía.
¿A qué huele tu día cuando decides bajar la guardia?
DMA
El Niño que huele a canela
.jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Este espacio también es tuyo.
Si esta historia te ha despertado un recuerdo, una emoción o una sonrisa, déjalo aquí.
En El Niño que huele a canela cada palabra cuenta.