lunes, 16 de marzo de 2026

 Hoy, en el Mundo Canela, el Niño Canela recorre las calles de Reus con un décimo de ONCE en la mano, oliendo a esa especiada memoria que nunca se va, mientras reparte sueños como quien reparte esperanza en los pasillos del abandono.

Del libro original, rescato este latido del capítulo "Pan duro, alma tierna": 

A veces la vida empieza en los rincones más humildes. El mío estaba junto a una cocina. No era grande ni brillante, sino la del centro de menores donde pasé buena parte de mi infancia. All, entre ollas abolladas y vapor espeso, descubrí algo parecido a la ternura. Susi, la cocinera del centro, fue mi primera maestra sin pretenderlo. Me recibía cada mañana con una sonrisa cansada y un trozo de pan duro con chocolate."



Así como Susi me dio pan y refugio cuando no había nadie, hoy vendo boletos ONCE gritando "¡Repartiendo sueños!" en el Mercat Central, convirtiendo cada décimo en un puente hacia la dignidad que encontré fregando platos. El niño que ayudaba en la cocina del centro –con pies colgando y manos aprendiendo a salar guisos– ahora transforma números en ilusiones para otros, honrando esa alma tierna que el fuego lento siempre guarda.

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