Hacía tiempo que no escribía aquí. Demasiado, la verdad.
Entre el nuevo trabajo, preparar la feria de Sant Jordi y este torbellino que es empezar una actividad nueva, la agenda se ha llenado y el blog se ha quedado callado.
Pero hoy, Sant Jordi, es uno de esos días que me recuerdan por qué empecé a escribir: por la emoción de las historias, por el olor de los libros, por esa mezcla de febrero y azul, de canela y futbolín.
Volver no significa que todo vuelva “como antes”. Ahora escribo con otro ritmo, con más cansancio y también con más ganas. Ganas de contar, despacio, cómo el Universo Canela se expande: desde el niño que huele a canela al hombre que se levanta temprano, atiende a la gente y luego se sienta, aunque sea a altas horas, a poner letras una detrás de otra.
Este blog vuelve con el propósito de ser más fiel a lo que vivo: no solo textos bonitos, sino también el ruido del día, el sudor, las dudas, el nervio de la fera
el abrazo de la gente que se acerca, las historias que se cuentan entre números y bolsitas.
Si te quedas, sabrás que no volveré a desaparecer sin avisar.
Y si has vuelto, bienvenid@ a este nuevo capítulo de “Universo Canela”: el que huele a loteria, a regalos, a libros y a tiempo lento.

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En El Niño que huele a canela cada palabra cuenta.