Mundo Canela nació cuando el mundo se detuvo.
En plena pandemia escribí El niño que huele a canela sin pensar en una saga, sin pensar siquiera en publicar. Lo escribí porque lo necesitaba. Porque había cosas que dolían y escribir era una forma de sanar.
Ese primer libro fue un refugio.
Y, sin esperarlo, también lo fue para otros.
Gracias a los lectores, a sus mensajes, a sus propias historias reflejadas en la mía, Mundo Canela empezó a crecer. Lo que era un solo libro se convirtió en un universo, en una saga editorial donde cada historia explora una emoción distinta: la infancia, la memoria, las cicatrices, los aromas que nos guían y los recuerdos que no se van.
Cada libro nace del mismo lugar: lo humano, lo frágil, lo que permanece.
Mundo Canela no es solo una colección de libros.
Es un lugar al que vuelvo.
Y al que vosotros me enseñasteis que no volvía solo.

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En El Niño que huele a canela cada palabra cuenta.