Hay universos que no se sostienen con cifras, sino con gestos. Pequeños, sinceros, aromáticos. Como una moneda que guarda memoria, como un billete que desea futuro, como una palabra escrita que no quiere olvidarse.
Este martes, a tres días del encuentro, se abre la Hucha Canela. No como una caja, sino como un ritual. Una invitación a sembrar sin saber qué florecerá. A contribuir sin esperar, a pertenecer sin pedir permiso.
Durante la presentación de El Niño que huele a canela, habrá una hucha discreta, abierta a las voluntades. Allí podrán depositarse monedas, billetes, palabras, objetos. Pero sobre todo, aroma. El aroma de quienes creen, de quienes ofrecen, de quienes sostienen lo invisible.
Tu gesto será parte del relato. Tu contribución será parte del perfume. Tu presencia, parte del ritual.
Gracias por estar. Gracias por sembrar.

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En El Niño que huele a canela cada palabra cuenta.