viernes, 16 de enero de 2026

 

Ritual de cocina para no perder el norte

(con Los Secretos acompañando)

Hay días en los que no hace falta pensar demasiado.
Basta con repetir un gesto conocido.
Entrar en la cocina. Poner música. Respirar.

Hoy suenan Los Secretos.
No como ruido de fondo, sino como se escuchaban antes: acompañando la vida. Una canción que no exige nada, pero lo dice todo. Pero a tu lado suele funcionar. Siempre.

Este es un ritual sencillo.
De esos que no salen en los libros de cocina modernos, pero que sostienen a una persona entera.

Ingredientes

  • Una cocina en calma.

  • Una sartén con uso, mejor si tiene marcas del tiempo.

  • Pan.

  • Aceite de oliva.

  • Un recuerdo bueno.

  • Una pizca de canela, casi invisible.

El ritual

Pon la música antes que el fuego.
La cocina no empieza en los fogones, empieza en el ánimo.

Calienta el aceite despacio.
No busques el punto exacto: busca el momento.
Mientras, deja que la canción avance sin tocar nada.

Tuesta el pan sin prisas.
Cuando esté, añade una mínima pizca de canela.
No para que se note, sino para que quede.

Apaga el fuego antes de tiempo.
La vida tampoco se termina de hacer nunca del todo.

Siéntate.
Come despacio.
Deja que la canción acabe antes del último bocado.

El sentido

Este mismo gesto —tan simple— es el que atraviesa El niño que huele a canela: la manera en que las pequeñas rutinas salvan días grandes. Cocinas compartidas, silencios largos, música que acompaña y una forma de estar en el mundo sin disfraz.

Escribir este blog y escribir el libro nacen del mismo lugar:
de la necesidad de contar sin gritar,
de recordar sin rencor,
de vivir a fuego lento.

Si estás aquí leyendo, este espacio también es tuyo.
El blog sigue creciendo día a día,
y el libro permanece, esperando a quien necesite reconocerse en él.

Seguimos.
Con música.
Con cocina.
Con memoria.

El Niño Canela
DMA




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