sábado, 3 de enero de 2026

Cuando la música también huele a canela



Hay días en los que el mundo no pide ruido, sino compás.
Hoy es uno de esos días.

El Niño que huele a canela se ha levantado despacio, como se levantaban antes las cosas importantes: sin prisas, sin notificaciones, sin urgencias ajenas. Ha abierto la ventana lo justo para que entre el aire frío y ha dejado que la casa se llene de una música antigua, de esa que no se impone, que acompaña.

La música, cuando es buena, no distrae.
La música ordena.

Hoy no suenan canciones para presumir, suenan canciones para sostenerse. Canciones que no necesitan volumen porque ya tienen verdad. Canciones que no gritan porque saben esperar.

En el tocadiscos —o en la memoria— aparece Los Secretos.
Y con ellos vuelve todo: las cocinas pequeñas, las noches largas, los bares que cerraban tarde, las conversaciones que nunca se acababan porque nadie quería irse a casa. Hay grupos que no se escuchan: se habitan.

Después entra Joaquín Sabina, con su voz gastada y honesta, recordándonos que crecer no era esto, pero que rendirse tampoco. Sabina no canta para animar; canta para acompañar al que ya sabe que la vida no viene limpia de fábrica.

Y cuando el día pide un poco más de silencio, aparece Antonio Vega. Ahí la música ya no suena fuera, suena dentro. Es la banda sonora de quien mira por la ventana y entiende que la nostalgia no es tristeza, es memoria bien conservada.

El Niño Canela escribe mientras suenan estas canciones.
No para publicar, no para gustar. Escribe como se hacía antes: para no olvidarse de quién es.

La música tiene algo de cocina lenta.
No sirve con prisas. Hay que dejarla reposar, dejar que impregne. Como la canela: no se nota al principio, pero cuando falta, todo sabe menos.

Hoy la música no es fondo.
Hoy la música es refugio.

Porque hay días en los que no se puede correr, ni luchar, ni demostrar nada. Días en los que lo más valiente es sentarse, poner una canción, cerrar los ojos y recordar que uno sigue aquí. Entero. Digno. Vivo.

El Niño que huele a canela no busca himnos.
Busca canciones que le recuerden que todavía vale la pena escribir, sentir y quedarse un rato más.

Si hoy lees esto con música de fondo, hazlo despacio.
Como se vivía antes.
Como se escriben las cosas que importan.

DMA

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