miércoles, 7 de enero de 2026

7 DE ENERO


Hoy es 7 de enero.
Las luces ya no parpadean, los villancicos se han callado y el calendario vuelve a hablar en serio. Se acabaron las Navidades. Empieza la rutina. Y no pasa nada.

En casa del Niño Canela, el silencio vuelve a ocupar su sitio. La mesa está más desnuda, el aire es más frío y el día se presenta sin promesas brillantes. Pero hay algo profundamente honesto en este regreso. Algo antiguo. Algo necesario.

La rutina no es un castigo.
Es el lugar donde la vida se sostiene.

El Niño Canela lo sabe bien. Por eso hoy no corre, no se queja, no se disfraza de entusiasmo. Hoy se sienta despacio, pone música baja y deja que el día empiece como tiene que empezar: sin ruido.

Suena Los Secretos.
Una canción vieja, de esas que no necesitan explicación. Luego quizá Antonio Vega, o alguna melodía suave que no empuje, que acompañe. La música no está para animar: está para acompañar el regreso.

Enero siempre ha sido así.
Un mes austero.
Un mes sincero.
Un mes que no promete nada, pero lo permite todo.

El Niño Canela vuelve a su cuaderno. A su café caliente. A la mirada larga por la ventana. Afuera la calle ya no huele a fiesta, huele a paso rápido, a abrigo cerrado, a vida real. Y eso está bien.

Porque en la rutina también hay belleza.
En levantarse aunque cueste.
En repetir gestos.
En seguir.

La Navidad es un paréntesis.
La vida es lo que viene después.

Hoy el Niño Canela no pide deseos. Hoy se conforma con estar. Con escribir una línea. Con escuchar una canción entera sin pensar en nada más. Con recordar que no hace falta que todo sea extraordinario para ser verdadero.

Y así, con las manos templadas por la taza y el corazón un poco más lento, vuelve al mundo. Sin ruido. Sin fuegos artificiales. Con la dignidad de quien sabe que lo importante no era la fiesta…
sino saber volver.

Bienvenido, enero.
Aquí estamos.
A fuego lento.
Como siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Este espacio también es tuyo.
Si esta historia te ha despertado un recuerdo, una emoción o una sonrisa, déjalo aquí.
En El Niño que huele a canela cada palabra cuenta.

 Hoy, en el Mundo Canela, el Niño Canela recorre las calles de Reus con un décimo de ONCE en la mano, oliendo a esa especiada memoria que nu...