miércoles, 12 de noviembre de 2025
Hoy me he despertado con la luz suave que entra por la ventana, esa luz que parece acariciar cada rincón de la casa y hacerme sentir que el tiempo es mi aliado, no un enemigo. He preparado un café, ese aroma cálido que despierta recuerdos de infancia, y mientras sorbía tranquilo, he pensado en cómo este ciclo de días me invita a escribir desde la verdad emocional, con autenticidad y sencillez.
En mi Mundo Canela, cada día trae su propia melodía silenciosa. Hoy, escucho esa música que me acompaña mientras pongo palabras a lo vivido, a lo sentido, y redescubro la belleza en lo pequeño, en lo imperfecto, en lo cotidiano. Me doy cuenta de que escribir es también un acto de amor hacia mi propio pasado y hacia ese niño que un día fui, el Niño que huele a canela.
Así, mientras la ciudad despierta fuera, printo historias íntimas que me reconcilian conmigo mismo y me permiten seguir creando, siempre desde el fuego lento de la memoria y del presente. Esta es mi manera de estar en el mundo, esta es mi esencia y mi verdad.
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