Mundo Canela · historias y cocina tradicional

Historias para leer despacio, recetas para recordar.

El lugar donde los aromas de la infancia se convierten en palabras, platos de casa y pequeños rituales para compartir.

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La cocina del Niño Canela

Recetas tradicionales con memoria, hechas sin prisa.

01 · DULCES DE INFANCIA

Arroz con leche para volver a casa

Canela, limón y paciencia en una receta cremosa para cuatro recuerdos.

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02 · PLATOS DE CASA

Guisos que esperan a fuego lento

Una colección de platos sencillos, de los que llenan la cocina antes que el plato.

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03 · RECETAS CON HISTORIA

El sabor de las tardes de domingo

Recetas familiares contadas desde el recuerdo y explicadas paso a paso.

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Voces del libro

Palabras que se quedan

Una pequeña ventana a la memoria de El niño que huele a canela.

“La infancia no se mide por los regalos que se reciben, sino por los abrazos que faltan.”

— David Maroto Avilés, capítulo I

“En esas cucharadas lentas, comencé a intuir que cocinar era un acto de amor.”

— David Maroto Avilés, capítulo II

“El amor también puede ser un hogar. No un incendio. No una montaña rusa. Un hogar.”

— David Maroto Avilés, capítulo IV

El universo Canela

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martes, 28 de octubre de 2025

🌿 Hoy el niño que huele a canela se despertó temprano



Hoy me desperté con el aroma de la canela en la memoria. No venía de la cocina, sino de un recuerdo. De esos que no hacen ruido pero se quedan a vivir en el pecho.

Pensé en el niño que fui. El que se escondía en los pasillos del centro, el que fregaba ollas para no llorar, el que soñaba con una cocina propia mientras merendaba pan duro con chocolate. Ese niño aún me habita. Y hoy, más que nunca, lo escucho.

El niño que huele a canela no es solo un libro. Es una forma de decir: “Estoy aquí. Sobreviví. Y tengo algo que contar.” Es mi manera de tender la mano a quienes crecieron entre silencios, a quienes aprendieron a amar desde la ausencia, a quienes aún buscan un lugar donde sentirse vistos.

Hoy quiero agradecer a quienes ya lo han leído, a quienes se han emocionado, a quienes me han escrito diciendo: “yo también fui ese niño”. No hay mayor regalo que ese espejo compartido.

Y si aún no lo has leído, no pasa nada. El niño canela no tiene prisa. Te espera con una taza de café, una historia entre las manos y un abrazo sin palabras.

Gracias por estar. Gracias por leer. Gracias por ver al niño.

DMA 

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