Hay días en los que el silencio pesa menos que las palabras. Quizá sea el otoño que empieza a oler a madera, a café recién hecho y a esas canciones que uno guarda para los días lentos. Hoy el Niño Canela camina despacio, observando cómo el viento juega con las hojas y cómo la vida sigue su curso sin pedir permiso.
Arroz con leche para volver a casa
Canela, limón y paciencia en una receta cremosa para cuatro recuerdos.
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En El Niño que huele a canela cada palabra cuenta.