Agosto huele a campo recién regado, a piel salada y a meriendas que no se olvidan.
En estos días de sol lento y descanso, la memoria también se tumba a la sombra y repasa sus veranos.
Yo recuerdo el de 1997. No hubo playa ni montaña, pero el comedor del centro tenía sabor a compota tibia y pan con aceite. Me quedaba en la escalera del patio hasta que el cielo se ponía rosa. No tenía a nadie, y sin embargo, no estaba solo: me acompañaban mis ganas de imaginar.El niño que huele a canela sigue oliendo los veranos como entonces. Por eso, este blog no se detiene. Porque hay recuerdos que nunca se toman vacaciones.
Felices días de sol, lectores.
— El Niño Canela 🍞
Arroz con leche para volver a casa
Canela, limón y paciencia en una receta cremosa para cuatro recuerdos.
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