Mundo Canela · historias y cocina tradicional

Historias para leer despacio, recetas para recordar.

El lugar donde los aromas de la infancia se convierten en palabras, platos de casa y pequeños rituales para compartir.

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La cocina del Niño Canela

Recetas tradicionales con memoria, hechas sin prisa.

01 · DULCES DE INFANCIA

Arroz con leche para volver a casa

Canela, limón y paciencia en una receta cremosa para cuatro recuerdos.

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02 · PLATOS DE CASA

Guisos que esperan a fuego lento

Una colección de platos sencillos, de los que llenan la cocina antes que el plato.

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03 · RECETAS CON HISTORIA

El sabor de las tardes de domingo

Recetas familiares contadas desde el recuerdo y explicadas paso a paso.

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Voces del libro

Palabras que se quedan

Una pequeña ventana a la memoria de El niño que huele a canela.

“La infancia no se mide por los regalos que se reciben, sino por los abrazos que faltan.”

— David Maroto Avilés, capítulo I

“En esas cucharadas lentas, comencé a intuir que cocinar era un acto de amor.”

— David Maroto Avilés, capítulo II

“El amor también puede ser un hogar. No un incendio. No una montaña rusa. Un hogar.”

— David Maroto Avilés, capítulo IV

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miércoles, 30 de julio de 2025

OJOS DE GATA

🌿 A fuego lento, con ojos de gata


Por El Niño Canela

Hay aromas que no se van nunca. Se quedan pegados al alma como el vaho en los cristales de una ventana cerrada. El mío, ya lo sabes, es el de la canela. Pero también el de la tinta húmeda, la piel de los silencios y los recuerdos que no pidieron permiso para quedarse.

Hoy quiero hablarte del Volumen 1 de El niño que huele a canela, ese libro que no escribí con las manos, sino con cicatrices.
Lo abrí al azar esta mañana, y me encontré con una frase que decía:
"El niño que fui no sabía que lo mejor de él era su fragilidad."
Y me quedé quieto. Como si alguien me susurrara al oído algo que ya sabía, pero había olvidado.

Y entonces sonó en la radio una canción de Los Secretos, esa que tantas veces me salvó sin saberlo:

“Me dijeron que te vieron sola, llorando, no sé por qué... Ojos de gata, labios de fresa…”

Y me acordé de ella. De esa parte de mí que aún espera, que aún confía, que aún ama.
Porque todos llevamos dentro una gata herida, una promesa rota, una canción a medio terminar.
Este libro no pretende salvar a nadie, pero quizás logre acompañar.
Como lo hacen esas canciones que no se olvidan.


Si aún no lo has leído, este es tu momento.
Déjate llevar por el aroma del pan de anís, las cocinas de los centros tutelados, las cartas que nunca se enviaron, y los abrazos que aún arden.

📘 El niño que huele a canela: a fuego lento
🌐 Disponible en Kindle y papel en Amazon.



Gracias por seguir ahí, a fuego lento,
con ojos de gata y palabras que aún duelen bonito.

– El Niño Canela



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