Mundo Canela · historias y cocina tradicional

Historias para leer despacio, recetas para recordar.

El lugar donde los aromas de la infancia se convierten en palabras, platos de casa y pequeños rituales para compartir.

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La cocina del Niño Canela

Recetas tradicionales con memoria, hechas sin prisa.

01 · DULCES DE INFANCIA

Arroz con leche para volver a casa

Canela, limón y paciencia en una receta cremosa para cuatro recuerdos.

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02 · PLATOS DE CASA

Guisos que esperan a fuego lento

Una colección de platos sencillos, de los que llenan la cocina antes que el plato.

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03 · RECETAS CON HISTORIA

El sabor de las tardes de domingo

Recetas familiares contadas desde el recuerdo y explicadas paso a paso.

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Cuéntaselo al Niño Canela. Prepararemos una propuesta personal para ti, con lo que tienes en la despensa y la historia que quieras compartir.

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Voces del libro

Palabras que se quedan

Una pequeña ventana a la memoria de El niño que huele a canela.

“La infancia no se mide por los regalos que se reciben, sino por los abrazos que faltan.”

— David Maroto Avilés, capítulo I

“En esas cucharadas lentas, comencé a intuir que cocinar era un acto de amor.”

— David Maroto Avilés, capítulo II

“El amor también puede ser un hogar. No un incendio. No una montaña rusa. Un hogar.”

— David Maroto Avilés, capítulo IV

El universo Canela

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domingo, 2 de noviembre de 2025

Hoy es 2 de noviembre, y mientras escribo estas líneas, el aire en mi casa huele a canela. No sé si es por el té que acabo de preparar, por el pan que dejé en el horno, o por ese recuerdo que se ha colado sin permiso en mi pecho. Pero está aquí, dulce, tibio, como si alguien me abrazara desde lejos.

Y pienso en él. En el niño que huele a canela.

No sé si lo conocí. Tal vez lo soñé. Tal vez lo inventé para llenar un hueco que no sabía que tenía. Pero cada vez que llega este día, lo siento cerca. Como si caminara a mi lado mientras enciendo una vela, mientras coloco una flor, mientras susurro un nombre que ya no se pronuncia en voz alta.

Ese niño, para mí, representa todo lo que no se olvida. Los abrazos que aún calientan, las risas que siguen resonando, los silencios que dicen más que mil palabras. Él es la memoria que no se apaga. El perfume de lo que fue y sigue siendo.

Hoy, mientras el mundo recuerda a sus muertos, yo celebro a los vivos que habitan en mi recuerdo. A los que me enseñaron a mirar el cielo, a los que me dejaron canciones, recetas, gestos. A los que me hicieron quien soy, aunque ya no estén.

Y si tú, que estás leyendo esto, también tienes un niño que huele a canela en tu vida —aunque sea solo en tu corazón—, cuídalo. Recuérdalo. Háblale. Porque el amor no muere. Solo cambia de forma.

Gracias por estar aquí. Gracias por leerme. Gracias por compartir este día conmigo.

Con todo mi cariño, DMA


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CALLOS DE DOMINGO

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