Mundo Canela · historias y cocina tradicional

Historias para leer despacio, recetas para recordar.

El lugar donde los aromas de la infancia se convierten en palabras, platos de casa y pequeños rituales para compartir.

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La cocina del Niño Canela

Recetas tradicionales con memoria, hechas sin prisa.

01 · DULCES DE INFANCIA

Arroz con leche para volver a casa

Canela, limón y paciencia en una receta cremosa para cuatro recuerdos.

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02 · PLATOS DE CASA

Guisos que esperan a fuego lento

Una colección de platos sencillos, de los que llenan la cocina antes que el plato.

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03 · RECETAS CON HISTORIA

El sabor de las tardes de domingo

Recetas familiares contadas desde el recuerdo y explicadas paso a paso.

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Cuéntaselo al Niño Canela. Prepararemos una propuesta personal para ti, con lo que tienes en la despensa y la historia que quieras compartir.

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Voces del libro

Palabras que se quedan

Una pequeña ventana a la memoria de El niño que huele a canela.

“La infancia no se mide por los regalos que se reciben, sino por los abrazos que faltan.”

— David Maroto Avilés, capítulo I

“En esas cucharadas lentas, comencé a intuir que cocinar era un acto de amor.”

— David Maroto Avilés, capítulo II

“El amor también puede ser un hogar. No un incendio. No una montaña rusa. Un hogar.”

— David Maroto Avilés, capítulo IV

El universo Canela

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miércoles, 30 de julio de 2025

PAN MOJADO



🌟 Capítulo breve: “El pan mojado”

Era invierno en Granollers y los cristales amanecían cubiertos de vaho. El comedor del centro olía a leche tibia y a ese pan mojado que nos daban cuando no había galletas. A mí me gustaba ese pan. Sabía a todo lo que no teníamos: a consuelo, a casa, a la abuela que nadie recordaba pero que seguro horneaba cosas dulces.

Aarón siempre se lo daba a Josep. Yo lo miraba, en silencio, fingiendo que no tenía hambre. Pero una mañana, cuando la monitora se dio la vuelta, Josep partió su pan mojado en tres. Y esa fue la primera vez que alguien me eligió sin tener que hacerlo.

Guardé ese trozo de pan como se guarda una promesa. Y desde entonces, cada vez que huelo el vapor de un desayuno pobre, recuerdo que fuimos niños que compartieron lo poco, no por carencia, sino por ternura


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CALLOS DE DOMINGO

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